“Una vez que pasaron las fiestas y los árboles de Navidad se mueren, lo más aconsejable es llevarlos a un aserradero para que puedan ser reciclados”, indicó José Antonio Montoya Mendez, encargado de Plantaciones Forestales Comerciales de la Gerencia Estatal de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).
Los árboles artificiales empleados durante la Navidad ofrecen la ventaja de poder reutilizarse el siguiente año, sin embargo no todos lo hacen; algunas personas deciden desecharlos.
Cuando estos árboles son desechados tardan más en reintegrarse si es que lo hacen, ya que sus materiales son sintéticos; caso contrario a lo que sucede con los árboles naturales, que cuando terminan su vida útil como ornato, pueden reintegrarse a la tierra.
Esa es la ventaja que ofrecen los pinos naturales, sin embargo para que puedan cumplir con su ciclo es necesario llevarlos a aserraderos donde los despedacen hasta convertirlos en astillas. Así será más fácil que se reincorporen al suelo.
Llevar los restos de árboles navideños del hogar a los aserraderos representa algunos contratiempos y éstos influyen a que las familias prefieran simplemente sacarlos a la basura.
A veces los aserraderos se encuentran fuera de la ciudad o lejos de la zona céntrica, eso significa un gasto de gasolina, pasaje, o pérdida de tiempo. También sucede que el servicio cuesta.
En este sentido, lo que haría falta sería en primer lugar informar a la población acerca de las ventajas que ofrece consumir árboles naturales, luego proporcionar datos de aserraderos y lugares cercanos a donde puedan llevar los pinos muertos una vez concluidas las celebraciones.
Haría falta que el los tres órdenes de Gobierno promovieran no solo la cultura del reciclaje de pinos, también incentivar por medio de convenios con aserraderos.











