Tabasco: lejos del Edén

Los tabasquenos votaron ayer para renovar los poderes locales en un clima contaminado por lo peor de las prácticas electorales del pasado: inequidad en las campanas, reparto masivo de bicicletas, despensas y láminas de cartón y de zinc, agresiones, calumnias, medios polarizados, tiros, presos, heridos, retenes, asesores traídos de fuera y mutuas acusaciones de fraude.

Militantes de todos los partidos participaron en esta lamentable demostración de penuria política, secuela de la campana presidencial y de la fogosa controversia que la siguió.

La pugna dejó muy claro que la prioridad es tomar el poder formalmente, como parte de una estrategia más amplia para cada quien, más que orientar e impulsar el desarrollo racional de un estado con grandes recursos hidráulicos y petroleros, pero igualmente grandes carencias para su población.

Con un padrón de casi 1.4 millones de votantes, los tabasquenos eligieron a 21 diputados, 17 presidentes municipales y al gobernador. Este último puesto lo disputaron el candidato del PRI, el químico farmacobiólogo Andrés Granier Melo, ex alcalde de Villahermosa, y el empresario hotelero y ganadero César Raúl Ojeda, candidato del PRD, que lo busca por tercera vez y a quien acompanó Andrés Manuel López Obrador con otro propósito: reubicarse como líder indiscutible de ese instituto político.

Independientemente de los resultados de la elección, resalta el hecho de que los partidos principales en Tabasco, PRI y PRD, parecían dedicados en la contienda a montar una estrategia de conflicto postelectoral, cada uno apelando al lobo de posible fraude. Cualquier previsible controversia deberá ser encauzada, procesada y resuelta con las formalidades, requisitos y tiempos que senalan los ordenamientos electorales y los órganos respectivos. Pero lo que nos recuerda una vez más la jornada electoral de ayer en Tabasco es la necesidad de una revisión a fondo de todo el marco electoral para adecuarlo a los nuevos fenómenos detectados en 2006, y liberarlo de imprecisiones, lagunas y contradicciones.

Los incidentes de esta amarga campana y aquellos de la misma jornada dominical en la tierra de Carlos Pellicer serán atendibles pero no únicos. No debemos volver el reloj atrás y hacer de cada contienda electoral en la República una muestra de la premodernidad política, donde cada uno, a su conveniencia, se queja camino a las urnas de la vulneración a los principios de equidad, transparencia y certeza que la ley senala correctamente como virtudes de toda elección.

El calor de la contienda política en Tabasco deberá atemperarse en la medida en que los datos sobre la votación transmitan seriedad, consistencia y certidumbre. Esos tres elementos deben estar en el centro de la revisión que tantos actores políticos y sociales de diferente signo proponen debe acometerse a la brevedad. En tanto sucede, toda especulación en torno a los comicios de ayer es menor y tendrá que ser pospuesta ante el convencimiento de que, si bien las elecciones mexicanas son perfectibles, mientras llega ese deseable proceso, es inaceptable que los comicios se conviertan en un pretexto de motín y de enfrentamientos estériles. (El Universal)