Los tablajeros de los mercados públicos de la capital chiapaneca enfrentan un panorama complicado, debido al aumento en el costo del ganado en canal y la disminución de ventas durante la temporada de vigilia, cuando gran parte de la población reduce el consumo de carne por tradición religiosa.
Juan Morales Sánchez, locatario del mercado Juan Sabines y presidente de los tablajeros de Tuxtla Gutiérrez, informó que aunque los precios al público se han mantenido relativamente estables desde el año pasado —con cortes entre 240 y 260 pesos, y la costilla alrededor de 150 pesos—, el costo del producto al mayoreo ha tenido un incremento drástico que afecta directamente sus ganancias.
“El canal de res pasó de costarnos entre 80 y 88 pesos el kilo a más de 115 pesos actualmente. Esto nos ha obligado a ajustar precios, pero sin trasladar por completo el aumento a los consumidores”, explicó el líder de los tablajeros.
Morales Sánchez reconoció que la difícil situación económica de las familias ha provocado una reducción en las compras de carne, a lo que se suma la tradición de los viernes de vigilia previos a la Semana Santa.
“Hay quien sigue esa tradición de abstenerse de comer carne esos días por respeto. Es una tradición de hace mucho tiempo, es cosa de cada quien, no es malo. Pero vuelvo a repetir que hay distintas creencias y sí nos pega bastante porque las ventas bajan los viernes de manera significativa. Ya de por sí la situación está bastante difícil”, sostuvo el entrevistado.
El presidente de los tablajeros destacó que, a pesar del contexto adverso, los locatarios de los mercados públicos han realizado un esfuerzo por mantener precios accesibles, incluso por debajo de los que se ofrecen en centros comerciales, donde algunos cortes superan los 270 o 300 pesos.
Para finalizar, Morales Sánchez subrayó que los mercados municipales no solo ofrecen mejores precios, sino también carne más fresca y la posibilidad de que los clientes verifiquen la calidad del producto antes de realizar su compra.
Hizo un llamado a la ciudadanía para privilegiar la compra en estos centros de abasto tradicionales, no únicamente por el beneficio económico para las familias, sino como una forma de respaldar a los pequeños comerciantes que, pese al aumento de costos y la baja en ventas por la temporada de vigilia, mantienen su compromiso de ofrecer productos de calidad a precios accesibles para la población.












