Marco González * CP. Se deben cancelar todos los permisos de aprovechamiento forestal en Chiapas cuando menos por unos 25 años, en tanto se efectúa una agresiva política de reforestación, pero en los bosques, selvas, manglares. No en las campañas mediáticas de las dependencias del sector o en la desaparición del erario, al igual que los recursos naturales del estado.
Así lo señaló el doctor Cecilio Marroquín, quien advierte que a la par de reforestar, es urgente crear un programa estatal de desazolve de las cuencas para evitar más desgracias como las de Yajalón, donde quedó enterrado el patrimonio de cientos de personas, como ya ocurrió en el 1998 y 2005 en algunos otros puntos de la geografía chiapaneca.
El peor enemigo de Chiapas y del patrimonio de miles de chiapanecos han sido los permisos oficiales de aprovechamiento forestal y la tala clandestina. Esta última se genera en un gran porcentaje de las veces por necesidad del campesino o el indígena para sobrevivir, apunta Pedro Manuel García Guzmán.
Hay que cancelar los permisos oficiales de aprovechamiento de bosques y selvas en Chiapas para evitar más desgracias como las de Amatán, Nueva Colombia, Yajalón, San Cristóbal de Las Casas, Teopisca y tantos otros pueblos, en este año. Y anteriormente como las de Motozintla, Tapachula, Huixtla, Valdivia y tantas otras comunidades, añade el candidato al doctorado en ecología sustentable.
La única madera que se debe permitir aserrar es la que está plagada, porque así lo requiere la salud del bosque o de la selva, pero no se debe acceder al uso de las maderas muertas por incendios forestales, para cerrarle las ideas a los talamontes, considera Marroquín.
La ecología chiapaneca ha sido devastada desde la colonia, pero se aceleró a partir de la ganaderización de la Selva Lacandona a principios de los años sesentas. Por esa época hasta existió hasta una dependencia de desmontes. Y si bien ahora ya no existe, todavía quedan sus resabios y se expenden permisos a diestra y siniestra, sin importarles los daños o las desgracias que estén ocurriendo.
Con la construcción de las presas en Chiapas desparecieron miles de hectáreas de arbolado adulto, que jamás se procuró recuperar. Se expendieron permisos de aprovechamiento a grandes empresas madereras y muy pocas autorizaciones se entregaron a ejidatarios o indígenas, apunta García Guzmán.
Algunos de los permisos de los indígenas y ejidatarios eran la pantalla de esas empresas que han venido a saquear el patrimonio natural de Chiapas, porque se dedicaron a tirar millones de árboles y jamás sembraron uno solo, como era la exigencia de las autoridades.
Si las milpas caminaron en la selva y en las laderas de los cerros y lomas, es porque se entregó a campesino e indígena lugares no aptos para el cultivo del maíz. En la zona selvática, el suelo arable no llega a los 15 centímetros, en algunas pendientes de la región central es hasta de menos. Eso lo sabe cualquier técnico, dice Marroquín.
No es fácil acabar con el acelerado proceso de devastación de los recursos naturales de Chiapas, pero a grandes males, grandes remedio. Quizá hasta dolorosos, pero, la Federación debe cancelar los permisos y las autoridades municipales y estatales, deben redoblar la vigilancia para no tener cada año tantos damnificados que deben ser reubicados, dicen los especialistas consultados.
El cambio climático apenas está enseñando los dientes. Todavía sobrevendrá la tarascada. La naturaleza no perdona, jamás.











