La tala ilegal de arboles ocupa el cuarto lugar a nivel nacional de ingresos por vías delictivas. En Chiapas siete de cada 10 objetos de madera provienen de esta poda clandestina, escenario adecuado para que durante los últimos 40 años el 60% de los bosques chiapanecos hayan sido destruidos.
Hace más de medio siglo la entidad chiapaneca contaba con un total de tres millones de hectáreas de bosque y selvas, actualmente solamente sobreviven un millón 400 mil, sostuvo el delegado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en Chiapas, Amado Ríos Valdez.
En tanto, los municipios mayormente afectados por la tala clandestina son Cintalapa, Jiquipilas, Jitotol, Pueblo Nuevo, Altamirano, Las Margaritas, Teopisca y la región Costa de la entidad.
A lo anterior, las principales especies de árboles que más se comercializan de manera irregular son el pino y el encino, debido a que este tipo de maderas resulta altamente redituable para hacer muebles y carbón vegetal.
Cabe destacar que la tala ilegal de árboles es realizado por el crimen organizado, ya que en el intervienen distintas mafias que se dedican a comercializar madera dentro y fuera del país, mismas que a diario intentan soslayar la seguridad federal y estatal a través de documentos falsos, los cuales disfrazan los permisos necesarios para la distribución de este negocio, comentó el delegado.
Al año la entidad chiapaneca es responsable de 60 denuncias en promedio en contra de personas que se dedican a esta actividad ilícita, no es raro que a las mismas se les vea transitar con camiones cargados de troncos en la región Fronteriza e Istmo-Costa de la entidad, lugares donde la seguridad resulta insuficiente o nula para percibir estos actos.
Por otra parte, la dinámica en Chiapas para ofrecer su madera es a través de troncos, los cuales vende por metro cúbico a precios que rondan entre los 30 y 200 pesos según la especie; pino, encino o caoba.
“Este comercio ilegal establece una competencia desleal y ventajosa con todos los que hacen los tramites para comercializar su madera de manera legal, pero también pone en desventaja a los dueños de los predios que trabajan en la ilegalidad”.
Así también, señaló que en la mayoría de las veces el propietario del terreno es el menos beneficiado, ya que durante la comercialización ilegal existen muchos intermediarios llamados coyotes, que pagan una cantidad irrisoria a los terratenientes, quienes muchas veces por obtener el dinero de manera inmediata venden su madera a precios menores de su valor real.
“Lamentablemente se ha perdido el bosque a cambio de malas negociaciones y propuestas de actividades agrícolas y agropecuarias, sin embargo, ninguna de ellas ha valido la pena por que la gente sigue pobre”.
Por lo que la deforestación que constantemente consume a la entidad no solamente se debe a la tala legal e ilegal, sino también a los incendios y a la apertura de tierras para el desarrollo urbano.
Finalmente, ante las estrategias de combate a la tala ilegal, el tema resulta complejo de erradicar, tanto para las autoridades correspondientes como para la sociedad.
“No solamente se trata reforzar la seguridad o los retenes, sino de concientizar a los vendedores para que se legalicen y así puedan obtener mayores recursos, así como integrar mayores comunidades al manejo forestal sustentable, transición que resulta difícil de aceptar y entender para los entes inmersos en esta situación de ilegalidad”, concluyó el delegado de la Semarnat en Chiapas, Amado Ríos Valdez.












