De las casi 20 talabarterías que existían en el centro de Tuxtla 40 años atrás, únicamente sobreviven cuatro. La modernidad, las nuevas leyes ambientales y el paso del tiempo han vuelto a este oficio en un recuerdo del Tuxtla antiguo, a punto de desaparecer.
Al igual que otros oficios que eran indispensables, el trabajo del cuero curtido ya no es muy solicitado, la población ha dejado de usar huaraches, cinturones de este material, entre otros. La realidad es que tampoco queda gente que use caballos como medio de transporte.
Antonio Toledo, de 72 años de edad, es uno de los tres talabarteros que queda con vida en el barrio El Calvario, oficio y negocio heredado por su padre, de quien aprendió.
Refiere que en los años 70 y 80, la demanda de estos productos era tan alta que todos los comercios vendían en la misma proporción.
Oficio desaparecido
Precisó que las talabarterías como tiendas de artículos de cuero persisten, pero el oficio del talabartero como tal, ya no se ejerce en esta ciudad.
Uno de los factores que ha generado esta situación es la introducción de productos sintéticos o imitación de piel de ganado bovino principalmente.
En la capital chiapaneca, las talabarterías se concentraban sobre la 3ª Sur, entre calle Central y 1ª Poniente, abarcaban dos cuadras en su apogeo.
“En este entonces no estaban todas estas tiendas, habían puras talabarterías, era una competencia dura, pero se vendía, de eso vivíamos, el negocio que tengo es herencia de mi padre, llevo 40 años trabajando en eso”, explicó.
El propietario de “La Nueva”, agregó que actualmente se ha perdido todo el proceso del trabajo de la piel, no quedan lugares donde se curta cuero, además el químico de importación tampoco llega a estos lugares.
El auténtico trabajo de talabartería partía desde que la piel de vaca se introducía mediante un proceso de limpieza con agua y corteza de árbol.
Dependiendo del artículo se cortaba el pedazo de piel, y con el sobrante se elaboraban otros artículos como cinturones o tiras de piel.
“Ahora no es redituable trabajarlo, se gana poco, los clientes pagan poco a los talabarteros; son reparaciones las que más buscan por 20, 30 pesos”, comentó.
Los talabarteros han pasado de ser fabricantes a ser vendedores de artículos de piel, se ha dejado de curtir y elaborar calzado en Tuxtla.
Fuera de la zona Metropolitana quedan lugares que curten la piel de animales, como es el caso del municipio de Suchiapa; “nosotros compramos los artículos ya elaborados, fui talabartero, ahora ya no lo hago, no es redituable, es poco solicitado”.
La competencia no se ha hecho esperar, ahora llega del centro del país muchos productos sintéticos o imitación piel, “yo podría decir que, las talabarterías son un atractivo turístico. Antes vendíamos una montura al día, ahora vendemos una cada año”.
Reconoció que las tiendas venden artículos, los cuales han caído en desuso, sin embargo, existe uno entre todos que está cobrando relevancia.
Se trata del sombrero de ala ancha, el cual ha tenido buena demanda en la capital chiapaneca debido al calor y a la radiación solar.
“Los huaraches eran los más vendidos, ahora se usan en fechas especiales en festividades. Los sombreros se venden bien, la población los busca porque cubren mejor del sol”, destacó.
Sobre la 3ª Sur sobreviven cuatro talabarterías. Ahora quedan pocos que conocen y ejercieron el oficio de la piel, los más de 50 maestros de la zona han perecido al paso del tiempo.
Don Antonio y dos personas más son los únicos talabarteros con vida. Sus pequeños negocios pasan casi desapercibidos en medio de un mar de gente, ambulantaje, tráfico, crisis, pandemia y la modernidad, factores que en los años 70 y 80 no causaban estragos, pero en este 2021 están dejando en el recuerdo este oficio antiguo, el cual pareciera destinado a desaparecer completamente.












