Tamales, herencia y fe

Tamales, herencia y fe

Cada 2 de febrero, Día de la Candelaria, los hogares chiapanecos se llenan del aroma de los tamales, una tradición profundamente arraigada en la cultura mexicana. Para María de los Ángeles, mejor conocida como la mamá del cartero, esta fecha representa mucho más que una costumbre: es la continuidad de una herencia familiar que ha pasado de generación en generación.

Desde los 20 años comenzó a elaborar tamales, siguiendo el aprendizaje transmitido por su abuela, su madre y su suegra. Con el tiempo, esta actividad se consolidó como parte fundamental de la economía de su familia en Chiapa de Corzo. Sus tamales se han vuelto conocidos entre los vecinos, siendo los de mole, cambray y chipilín los más solicitados, aunque también prepara otros sabores sin perder la esencia de las recetas tradicionales.

A pesar de que hoy en día la elaboración se realiza en la cocina de su casa, María de los Ángeles guarda una profunda nostalgia por el pasado. Confiesa que extraña el proceso antiguo, cuando los tamales se cocinaban con leña, un método que impregnaba de sabor y recuerdos cada preparación. “No es lo mismo”, señala, recordando aquellos tiempos en los que el fuego marcaba el ritmo de la cocina y reforzaba el vínculo con las raíces culinarias de la región.

Con la llegada del Día de la Candelaria, la demanda aumenta considerablemente, por lo que se prepara con anticipación para cumplir con los pedidos. En esta fecha especial, llega a elaborar hasta 200 tamales, sin que el incremento en los costos de los insumos sea un obstáculo. Así, entre esfuerzo, memoria y tradición, María de los Ángeles mantiene viva una costumbre que sigue dando identidad a Chiapas.