"Mataron al candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú. No sólo se trata de una tragedia personal o partidaria. La agresión es contra todos los mexicanos. Mientras los motivos específicos del asesinato están bajo investigación, lo que ya sabemos es que este crimen dicta un mensaje a la ciudadanía de la delincuencia organizada: ""quienes deciden no son ustedes, sino nosotros"".
Ejecutar a un candidato es intimidar a los electores, es atacar al voto, piedra angular de la democracia. Se apuñala a la democracia cuando, después de este lamentable hecho, el ciudadano ya no quiere ser funcionario de casilla, ya no quiere prestar su casa para acoger los comicios, ya no quiere ir a votar por los riesgos. El sufragio no es sólo un papel en una urna, es la materia más sólida de nuestra voluntad política. Violentar el voto es eliminar el poder universalmente reconocido de las personas comunes. La decepción por los errores de los políticos, el ascenso de malos gobernantes, su corrupción, no implican que el voto sea inútil, sino que lo hemos empleado de forma poco efectiva.
Hoy el Estado mexicano y la democracia en la que se sustenta están en juego. Estas dos palabras -Estado y democracia- no son sinónimo de personas sino de instituciones. Y es en contra de este patrimonio común que los enemigos de la sociedad están actuando. El asesinato de Torre quiere destruir la forma de organización que aún nos permite tomar decisiones de la forma más plural y pacífica que conocemos. Estos criminales buscan imponernos su ley y su dictadura.
Llegó la hora de reaccionar. Nos llegó el momento, a la clase política pero también a la sociedad. Hora de colocar a la democracia por encima de la barbarie. ¿Podremos? ¿Tendremos líderes que sepan actuar más allá de sus pequeneces y mezquindades?
La política de seguridad ya ha sido utilizada antes con fines electorales. 2009 fue el año fatídico en que así jugaron los gobernantes. Aquellos episodios hacen muy difícil que sea la confianza y el acuerdo los que prevalezcan. Y sin embargo, necesitamos que nuestros políticos actúen como adultos. Son justamente los periodos de crisis, como el actual, los que probarán de qué estamos realmente todos hechos. Si los liderazgos no son capaces de superar el rencor y los agravios del adversario, en pos del beneficio de la República, serán indignos de detentar el poder que por ahora tienen.
Cada uno, priísta, panista, perredista, petista, verde, está bajo la lupa. ¿Usarán este episodio negro de la historia como moneda para la apuesta electoral o cerrarán filas contra el enemigo común que es también el de la sociedad mexicana? Lo veremos pronto. (El Universal)
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