“Para trabajar por la paz y prevenir la violencia, hay que crear espacios de convivencia, de armonía familiar, y espacios de encuentro con los jóvenes, porque si los jóvenes no tiene en qué ocuparse se vuelven ociosos, y la ociosidad es madre de los vicios”, expuso el arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, monseñor Fabio Martínez Castilla.
Consideró como importante que para que haya paz es necesario que existan condiciones de techo, tierra y trabajo para que la paz se establezca en el país.
Explicó que es necesario que se generen espacios de arte y que las escuelas también sean espacios donde se fomente el deporte, la convivencia y los valores. No deben ser lugares que se aprovechen para la política.
En medio de la Jornada de Oración por la Paz, en la que hizo un llamado a las personas para que lleven a los templos las fotografías de las personas que han perdido la vida a consecuencia de la violencia o que se encuentran desaparecidas, ya que lo más importante es generar conciencia.
“Estamos generando conciencia porque la paz no llega de la noche a la mañana, pero hay que construirla segundo a segundo, minuto a minuto; la paz no se construye con palabras, la paz es una relación de hijo con padre, padre e hijo y hermanos con todos”.
La paz es una invitación a relacionarnos de una manera nueva y respetando la dignidad de toda persona porque todos somos iguales, señaló.
II Jornada de los Abuelos
Dentro de este contexto, apuntó que la Iglesia católica celebra a los abuelos y a los adultos mayores a través de la II Jornada Mundial de los Abuelos y los Adultos Mayores.
Además, dijo que el año pasado el papa Francisco instituyó esta jornada que se celebra el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús; y tiene como intención promover el encuentro entre generaciones, de los nietos con los abuelos y de los abuelos con los nietos, para “custodiar las raíces y transmitirlas”.
También agregó: “No perdamos de vista que la vejez es un don y que los abuelos son el eslabón de unión entre las diferentes generaciones para transmitir a los jóvenes la experiencia de vida y de fe”.
Invitó a no dejar solos a los abuelos al sostener que, “recuerden, los ancianos son nuestras raíces. Un árbol separado de las raíces no crece, no da flores ni frutos, por esto es importante la unión y la conexión con sus raíces”.












