Tembló la tierra; temblamos todos

“Lucas tenía razón”, decía el mensaje enviado por whatsapp a varios contactos. Algunos reflexionaron, otros lo tomaron a broma. La cita bíblica de Lucas 21:25 y 26 dice que los terremotos sí pueden predecirse. La ciencia dice que no. El sismo de 8.4 grados sacudió casas y conciencias. Daños al por mayor y pérdidas humanas, duelen a todos.

Gregsalia y Gildardo empacaban su ropa. Este viernes a las seis de la mañana partirían a un Camporee de Conquistadores, al campamento Orión.

Los pequeños Gibrán y Gilary dormían ya. Los padres trabajaban.

Y de repente la casa de dos plantas comenzó a sacudirse. Los padres trataron de no alarmarse. Pensaron que sería uno de tantos sismos leves.

Al ver que el temblor se hacía más intenso, corrieron a la recámara donde dormían los pequeños. Éstos ya estaba sentados, despiertos, en “shock”.

Con las piernas de gelatina, bajaron las gradas que se mecían como puente de hamaca. No pararon hasta estar en la calle. Lloraban padres e hijos de los nervios. Tal vez de gratitud por saberse vivos.

En miles de hogares la escena se replicó.

Vela obligatoria

A partir de ese momento nadie durmió. Imposible entrar a casa. Se advertía de réplicas.

En la casa de gobierno, el gobernador Manuel Velasco celebró una sesión urgente del Comité de Protección Civil inmediatamente después del sismo.

El ejecutivo estatal y los secretarios de Seguridad, Protección Civil, de Educación y Transporte, tomaron medidas urgentes.

Despliegue policiaco

Un ejército policiaco fue desplegado para patrullar y auxiliar a los ciudadanos.

Se ordenó ayudar a niños, mujeres y ancianos. Las patrullas transportaron a personas que tuvieron necesidad de atención médica o de ser desalojadas.

Se pidió usar el 911 por cualquier emergencia o necesidad. Se estarían cuidando las casas desalojadas en la Costa para inhibir acciones delictivas.

Desalojo en Costa y Soconusco

Protección Civil, a través de Luis Manuel García Moreno, coordinó el desalojo en la Costa y Soconusco porque se atisbaba un tsunami con olas de 4.8 metros.

El sector salud revisó los hospitales dañados. Reportaron un muerto por infarto a causa del sismo en hospital de Pijijiapan y 5 con crisis nerviosa.

Gobernador confirma cuatro muertos

Velasco Coello informó, a las 2:00 horas del viernes, que había cuatro muertos. Tres en San Cristóbal y un niño en Villaflores.

De las carreteras, varias presentaban derrumbes, en Chicoasén, Motozintla, puente dañado en Cintalapa, postes caídos.

El secretario de Transporte Mario Carlos Culebro, coordinó a los transportistas para desalojar a las personas de la Costa y Soconusco.

Roberto Domínguez Castellanos instruyó suspender clases en todo el estado y todos los niveles, para evaluar daños a las aulas.

Una hora después del sismo, se hablaba de dos edificios caídos en Tapachula y un incendio en mercado de San Cristóbal. También decenas de casas en Paredón, Tonalá.

Las patrullas y ambulancias sonaban por doquier con sirena abierta.

Patrullas en vez de ambulancias

Atendían pedidos de auxilio. Los paramédicos no se daba a basto y los oficiales tuvieron que hacerla de buenos samaritanos. Las unidades fueron usadas para llevar a las personas lesionadas o con crisis nerviosa, a un nosocomio.

En el fraccionamiento La Misión, en la calle Actopan e Iztapalapa, una muchacha resultó descalabrada. Le cayó un block en la cabeza cuando salía de su casa. Fue llevada en la patrulla PCC-125, al hospital.

El taxi 0098, avanzaba lento sobre la avenida Actopan. Dos niños sacaban la cabeza del auto y gritaban desesperados: “Manchita, manchita”. Buscaban a su perro que salió despavorido con el temblor y el alboroto de la gente.

Grupos de personas en la calle, otros vean la televisión o escuchaban la radio, que transmitieron de emergencia.

La mayoría tomó sus colchas y se fue a la cancha y, otros de plano, se fueron a la iglesia cercana.

El sismo sacudió casa y conciencias.

Fue en este contexto que el contador Manuel García envió el mensaje a sus compañeros de trabajo.

“Lucas 21: 25 “Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra, las naciones estarán angustiadas y perplejas por el bramido y la agitación del mar. 26 Se desmayarán de terror los hombres, temerosos por lo que va a sucederle al mundo, porque los cuerpos celestes serán sacudidos”.

Según la ciencia, los sismos no pueden predecirse. Según Lucas, sí. Y ocurrió uno fuerte.

Llanto y / o risa

Y mientras unos lloraban de angustia y crisis nerviosa, en la esquina de las calles Iztapalapa y Covadonga, una familia reía y celebraba.

Es que la reina del hogar cumple años el 8 de septiembre.

Y justo cuando los familiares alistaban las mañanitas, para despertar a la cumpleañera, el sismo se les adelantó y despertó de fea manera a la fémina.

Cerca de allí, en el puente denominado El Trébol, el paramédico y rescatistas Osvaldo Romero hacía una maravillosa labor social. Al detectar que había fracturas en carretera y la estructura del puente, atravesó su foto para desviar la circulación de Oriente a Poniente, a fin de evitar riesgos.

Lluvia obliga a entrar a casas

Y cuando parecía que ya no podría ocurrir algo peor, una torrencial lluvia complicó la ya caótica situación.

Los que no querían entrar a sus casas, se vieron obligados a hacerlo. Pero mantuvieron abiertas las puertas, a petición de los niños que estaban traumados por el fuerte movimiento telúrico. Durmieron en la planta baja.

Otros se metieron a sus autos.

De las 3 a las 6.30 horas, hubo decenas de réplicas, pero hubo 10 muy significativas. Los coches se amaqueaban. Los que ya dormían no lo sintieron.

Sol muestra cuantiosos daños

Con la luz del sol llegó la aparente calma, pero sólo afloraron los cuantiosos daños materiales y humanos.

Plazas comerciales de Ámbar, Polifórum y Las Américas, así como decenas de templos, iglesias, casas, sufrieron derrumbes parciales o totales en la capital chiapaneca.

En Tapachula se reportaban dos edificios caídos, y el mercado de San Cristóbal incendiado.

En Paredón se contabilizaban decenas de casas derruidas.

Hoy viernes, al mediodía, con otro sismo de menor intensidad, a 12 horas del que sacudió a varios estados, algunos interrumpieron sus actividades.

Algunos trabajaban en reparar los daños en el techo, como en la tienda de abarrotes ubicada en la 3a. Sur y 11 Poniente de Tuxtla. El tejado se vino abajo, aplastando la mercancía.

En la Calle Central y 15 Sur número 1607, de la capital chiapaneca, ocurrió lo mismo en la estética Cristel. El techo de teja se cayó. Y aunque había varias personas al interior, ninguna se lesionó.

En la 3a. Sur Poniente número 528, el techo de teja y la pared de adobe cayeron parcialmente. La vía se cerró y se desvió la circulación en la 5a Poniente.

Un edificio ubicado en la 4a Poniente, entre 1a Sur y Avenida Central, fue acordonado. Se cayeron los ventanales de cristal. Peatones podrían perecer ensartados.

Una agencia de autos ubicada sobre el libramiento Sur, cerca del bulevar Ciro Farrera, de igual forma sufrió daños en los cristales de la fachada.

“La vida es primero. Lo demás, viene y va”

Y mientras todos tuvieron un día agitado, Gregsalia y Gildardo meditaban en sus cuartos, temblando con cada réplica y pensando que todo su esfuerzo para participar en el Camporee fue en vano.

Pero la seguridad está primero. Para ellos y para todos. Así lo entienden ellos, sus padres y los padres de los demás niños que no viajaron.

Así lo entienden los afectados que perdieron casas y autos.

Así lo razonaron el gobernador y sus secretarios en la sesión extraordinaria y urgente.