Desde la montaña se escuchan las detonaciones, es un acto de intimidación, pero sobre todo un recordatorio que el conflicto entre comunidades ubicadas en los límites de Aldama-Chenalhó está lejos de resolverse.
“Se vive con miedo y no hay tranquilidad; son poco más de 10 comunidades de Aldama que han sufrido ataques con armas.
“La violencia no cesa, sin embargo muchos de los que estamos en esta situación tenemos que ser fuertes por nuestros hijos”, cuenta María, indígena desplazada del paraje Cotzilnam, municipio de Aldama.
Por las disputas territoriales ella, junto con varias familias de otros parajes, tuvieron que huir de las balas y agresiones, y refugiarse en las montañas de la zona Altos de Chiapas.
“Algunos comuneros de Santa Martha sembraron terror, nos desalojaron de nuestras tierras, quitándonos todo lo que teníamos y perdimos nuestros hogares”, recuerda la indígena.
Por muchos años se ha estipulado que este problema a parte de ser agrario, también tiene fines políticos, ideológicos y religiosos; lo cierto es que sin importar sexo ni edades, este conflicto ha desterrado a decenas de familias en donde su presente y futuro son inciertos.
La violencia se mantiene al igual que el miedo que infunden los grupos antagónicos que impiden a toda costa el retorno de estos desplazados.
Acompañada por su hijos y levemente incrédula, la mujer afirma que el daño a la unidad, a las tradiciones y encuentros ceremoniales, y al derecho a vivir es irreparable, “ya no podemos trabajar y no vivimos libremente”.
“En la localidad de Acteal nos brindaron cobijo, nos abrieron las puertas, sin embargo los disparos no cesan, se escuchan a lo lejos de los pueblos y cuando eso sucede, la tensión se vuelve cada vez más difícil.
“Tristemente nuestros niños y ancianos son los principales afectados”, comenta la afectada.
Señala a Cuarto Poder que sus compañeros de Xuxchen, Tabak, Coco y Cotzilnam siguen en vulnerabilidad, “extrañamos nuestras moradas y no sabemos hasta cuándo habrá alguna solución a este perjuicio de años. Necesitamos ayuda”, expresó.
La disputa agraria que lleva 42 años ha dejado a su paso varias personas muertas, y el desplazamiento de familias completas de comunidades del municipio de Aldama por parte de grupos procedente de Santa Martha, Chenalhó.
En medio de esta crisis, el gobierno de Chiapas, a través de la Secretaría de Gobierno, ha intervenido como mediador en este conflicto para avanzar en una solución que ponga fin a este disputa entre comunidades antagónicas.
Un pacto de civilidad entre autoridades municipales y tradicionales de Aldama y Chenalhó y el seguimiento al cumplimiento del Pacto de No Agresión, son parte de estos esfuerzos que el gobierno ha impulsado con el objetivo de que regrese la paz a estas comunidades.
El proceso de pacificación continúa por parte del sector gubernamental, sin embargo, el miedo se siente entre las familias desplazadas, no sólo por las provocaciones, sino por un latente temor de que hayan nuevos enfrentamientos.
“El desalojo de las familias que vivían dentro de los predios en conflicto sólo creó división entre los pueblos, y este pleito por las tierras parece nunca acabar”, comenta la indígena.
A pesar del miedo, María, como el resto de los desplazados de Aldama, tratan de sobrellevar este conflicto por el bien de ellos y de quienes han nacido entre las montañas, como ha sido su nieto, quien sin saberlo ya vive un desplazamiento forzado.












