Terremoto de septiembre, a un año de la tragedia

Nadie imaginó que la noche del 7 de septiembre del año pasado un terremoto de 8.2 cambiaría la vida de millones de personas. Óscar León / CP
Nadie imaginó que la noche del 7 de septiembre del año pasado un terremoto de 8.2 cambiaría la vida de millones de personas. Óscar León / CP

Aquella noche del 7 de septiembre del año pasado nadie imaginó que un terremoto de 8.2 de magnitud cambiaría la vida de millones de personas; a un año de la desgracia que dejó 46 mil 773 viviendas afectadas en 97 municipios de Chiapas, la población sigue a la espera que lleguen completos los recursos que el Gobierno prometió.

La angustia, como desde hace un año, sigue viva; viajamos desde la capital chiapaneca hasta la Bahía de Paredón, un pueblo escondido a 13 kilómetros de la cabecera municipal de Tonalá; el movimiento telúrico dejó afectaciones en 689 viviendas y le arrebató el patrimonio de muchos años a miles de familias.

De ellas, 416 registraron afectaciones parciales y 273 tuvieron daños totales. En el municipio el número se elevó, tres mil 661 hogares resintieron el impacto del sismo.

Hilario Santos Padro es una persona de 70 años de edad, casado con Fidelina Zavala Robles, recuerda que los 80 mil pesos que le dio el gobierno federal no alcanzaron para reparar su vivienda que quedó destruida por completo; está agradecido con el apoyo que le llegó, pero ataja que no es justo que se engañe a la población más necesitada.

Su casa tiene lo básico, formada de cuatro paredes, apenas cuenta con una hamaca, una cama y un sillón; el dinero no le alcanzó para ponerle techo ni tampoco una instalación adecuada de energía eléctrica, lo que refleja parte de la pobreza en la que vive en el pueblo, donde los habitantes se sostienen de la pesca.

Le reclama a las autoridades de los tres niveles de gobierno a que cumpla con la parte que le corresponde; muchas familias han solicitado préstamos para culminar la reparación de los hogares.

El miedo caló en los pensamientos de los chiapanecos, porque como dice Don Hilario con la naturaleza no se juega “y se espera de todo”; es creyente y dice que los tiempos han cambiado, asegura que así lo dice la Biblia.

En sus 70 años de vida reconoce que ahora los ingresos por la actividad pesquera son menos, pero no cuentan con otro tipo de actividad.

Su esposa Fidelina Zavala califica la noche del 7 de septiembre como espantosa, no encontraba la salida de su hogar cuando estaba el terremoto, se fue la luz. Se arrodilló y pidió perdón a Dios.

Esa y muchas noches más lo habitantes no pudieron dormir, porque a cada instante temblaba. Paredón luce ahora distinto porque los escombros se han levantado, porque las calles desoladas en principio, ahora están adornadas con casas en construcción.

Después de los 12 meses de la tragedia aún se recuerda con mucho dolor aquella navidad de diciembre del año pasado, cuando las casas seguían colapsadas, las calles llenas de escombros y la gente anonadada por un evento que destruyó todo a su paso.

El pueblo apenas se reponía de otra tragedia: el huracán “Bárbara” años atrás también causó muchos daños. La gente en el lugar sienten preocupación y enojo, dicen que los engañaron.

A las afueras de su vivienda, comentaron para este reportero que les prometieron 120 mil pesos para las viviendas con daños totales, pero apenas les depositaron 80 mil pesos.

Autoridades

El delegado en Chiapas de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), José Alfredo Araujo Esquinca, comentó que 32 mil 700 casas en el estado registraron daños parciales (que recibieron un apoyo de 15 mil pesos) y 14 mil 73 tuvieron afectaciones totales, a éstas últimas se les asignaron dos tarjetas, una de 30 mil y una de 90 mil pesos.

Recordó que el costo de la reconstrucción total para el estado oscila en dos mil 400 millones de pesos entre demoliciones de viviendas, apoyos inmediatos y la repartición de las tarjetas; no obstante, el 75 por ciento de todo ese dinero (mil 800 millones de pesos) correspondía entregarlos al gobierno federal y el resto (600 millones de pesos) lo debería de entregar el gobierno del estado que aún no lo ha hecho, pero existe una ruta a través de un fideicomiso para que las autoridades de Chiapas, por parcialidades, paguen lo que falta.

Adicionalmente, dijo, también se tienen contemplada la entrega de 900 viviendas para las personas que registraron afectaciones totales en sus hogares pero que no alcanzaron un folio para beneficiarse del apoyo.

Abel Hernández Celaya, originario también de la Bahía de Paredón y de profesión maestro, coincide que solamente le dieron 80 mil pesos que no alcanzaron para completar el proceso.

En este pueblo trabajaron a modo de “tanda”, como lo sugirió el titular del Poder Ejecutivo Federal para acelerar la reconstrucción, pero el dinero no llegó completo para todos.

Con los 80 mil pesos, el dinero no alcanzó para ponerle luz, baños ni techos. Las viviendas de losa y adobe fueron historia.

Ahora piden que los representantes gubernamentales lleguen a la zona “cero” para que inauguren las casas “reconstruidas”, las autoridades municipales están atadas de manos, porque no tienen el recurso que demanda la población.

Las noches grises y los días con incertidumbre apenas comienzan a disolverse; sin embargo, muy pocas veces las personas se preparan con un botiquín de emergencia o con un plan para saber cómo actuar ante una emergencia como esta, considerando que Chiapas se mantiene dentro de los estados con más sismicidad.

El pueblo, dicen los vecinos, se ha puesto de “pie” porque confían en un ser supremo; ahora están bien (dentro de lo que cabe), el daño emocional con el paso tiempo ha quedado atrás, pero costó mucho porque la ayuda de psicólogos no llegó.  Después del 7 de septiembre, la afectación pesquera se prolongó por varios meses.

Afectaciones

En Tonalá las cosas no son tan distintas, a un año de la desgracia hay casas que siguen bajo escombros y sin fechas para que llegue la reconstrucción, los muros y paredes reflejan la fuerza de la naturaleza.

En la calle Francisco I. Madero de dicho municipio, Miguel Ángel Velasco, recordó que la ayuda llegó después de mucho burocratismo, a pesar de lo dramático que resultó buscar un techo.

En la zona “cero” como él llama por la cantidad de casas destruidas, todavía hay personas que no han terminado de edificar sus patrimonios, por ello piden al gobierno que verifiquen que el dinero ya se invirtió y que no alcanzó.

Pero Norberto Robles Aguilar, de Cabeza de Toro, puntualiza que en esa comunidad albergada por unas cuatro o cinco mil personas, hay una inconformidad porque a muchos afectados les llegó una tarjeta de 15 mil pesos pero se vieron obligados a derrumbar sus casas.

Ahora, dice, las autoridades se echan “la bolita” mientras que los ciudadanos siguen a la espera que todo el recurso sea entregado a los damnificados que, en algunos casos viven abajo de los árboles de mango.

Recordó que se han firmado minutas de trabajo, donde las autoridades se comprometieron a que el 23 de julio entregarían los recursos para continuar la reconstrucción pero no se cumplió y las personas se sienten desesperadas y decepcionadas.

Especialista

De acuerdo con Silvia Ramos Hernández, especialista en temas de sismicidad, en Chiapas existen 35 municipios con alto riesgo en cuanto a los temblores, lo que representa un millón 367 mil personas, nueve mil 459 localidades y 288 mil 94 viviendas.

Para ella, lo más importante es que se apueste a temas de educación y prevención.

Tragedia en Tuxtla

El terremoto del pasado 7 de septiembre dejó daños incluso en la capital chiapaneca; Elizabeth Hernández Borges, titular de la Secretaría de Protección Civil del ayuntamiento capitalino, recordó que en ese momento lo más atendido fueron personas que presentaban crisis nerviosa, pero ninguna persona murió a causa del movimiento telúrico.

En la capital chiapaneca, de acuerdo con la última actualización, mostró que tres mil 700 casas registraron algún tipo de daño; siete familias fueron evacuadas y 27 resultaron heridas. 29 iglesias en la ciudad sufrieron afectaciones y lo mismo ocurrió con 12 vías de comunicación.

La capital, cuenta con un Sistema Multialerta 360 grados, cuya función es alertar a la población de algún sismo que represente peligro; en el 2016 se beneficiaron 109 mil personas, un año después el número de se elevó a casi medio millón de personas evacuadas.

Zonas

En el municipio de Tonalá la reconstrucción no es tan diferente; por ejemplo, Amalia Marroquín Cruz, médico de profesión y con 89 años de edad, recuerda que ella estaba despierta esa noche, sintió que podría ser la última de su vida.

A su alrededor todo caía, las paredes se vinieron abajo de su vivienda hecha de dos plantas; minutos después todo quedó reducido a escombros. Con lágrimas en los ojos cuenta que después se fueron a refugiar a una iglesia, ahí pasaron una noche que se tornó eterna.

Lo único que esperaban era el amanecer, todo fue lento; su hogar fue construido en 1956 (el segundo piso se hizo en 1980); invirtió más de dos millones de pesos durante muchos años de trabajo y meses después apenas recibió lo mínimo para repararla.

Dice que es difícil asimilar que su vivienda ya no sea la misma, las dos plantas fueron demolidas y ya no hay forma de construir algo similar. Ahora ya no puede sostenerse, sus piernas están delicadas.

La doctora Marroquín -como le gusta que le digan-, describió que a los cinco días del terremoto uno de sus sobrinos acudió a la zona de desastre para llevársela a un mejor espacio pero se resistió a dejar el lugar que la vio crecer.

Es así como ha transcurrido ya un año de aquel terremoto que sacudió a todo el territorio nacional y que hace reflexionar en la importancia de participar en los simulacros, de tener una plan de emergencia.

Lo peor es que los afectados están molestos pero confían en que el apoyo restante llegue, como lo prometieron las autoridades, porque si bien es cierto que ya hay casas levantadas o con un avance considerable, en muchos casos la población ha tenido que endeudarse para lograrlo.