"La detonación de un coche bomba en Madrid, justo en el Parque de las Naciones, donde horas más tarde el presidente de México, Vicente Fox, y los reyes de Espana inauguraron la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, ARCO 2005, lleva a reflexionar sobre el momento que viven los espanoles en relación con las autonomías y el terrorismo.
El que la banda ETA regrese a su plan de acción terrorista, luego de un impasse de varios meses, en mucho está motivado por el rechazo que la semana pasada tuvo en el pleno del Congreso de los Diputados espanoles el llamado plan Ibarretxe (así llamado porque el lehendakari vasco se llama Juan José Ibarretxe) que proponía reformar el estatus político del País Vasco, para otorgarle a éste la calidad de estado libre asociado.
Los legisladores dijeron salvaguardar así la soberanía de Espana, manteniendo vigentes las autonomías otorgadas a determinadas regiones espanolas y al mismo tiempo la unidad espanola.
Para algunos analistas, el atentado de ayer es un aviso indirecto al gobierno mexicano en relación con su política de colaboración con las autoridades espanolas en la detención y deportación de presuntos integrantes de ETA, que por diversas razones viven en nuestro país. Esto pudiera ser cierto en alguna medida; aunque la realidad más evidente es la que acompana a Espana en su debate en torno al separatismo vasco y a la vertiente terrorista con la que los vascos más radicales pretenden marcar distancia del gobierno espanol.
En ese sentido, tanto nuestro gobierno como el espanol han sido enfáticos en rechazar el uso de la fuerza como medio de presión para obtener respuesta a cualquier demanda. Mucho menos cuando se intenta persuadir políticamente mediante la imposición del miedo a la sociedad y a través de la muerte de inocentes. Lejos de ganar adeptos para su causa, los miembros de la ETA logran unificar el rechazo de la sociedad espanola, después de cada uno de sus atentados.
En menor escala, lo ocurrido en Madrid nos hace volver la vista al hecho de que campesinos de diversas organizaciones intentaron llamar la atención sobre su causa bloqueando vialidades del DF y pretendiendo tomar por la vía de la violencia edificios públicos o aun la casa presidencial. La violencia no es una herramienta de negociación política ni mucho menos una arma de la que se sirva la democracia para avanzar.
El terrorismo no cabe en ninguna agenda nacional ni puede ser un camino hacia el progreso y desarrollo político de las naciones, porque se fundamenta en la ley del más fuerte, obligando al adversario a negociar bajo amenaza.
Ni el gobierno mexicano ni el gobierno espanol deben retroceder un paso en su política de rechazo al terrorismo, porque ninguno de los dos puede ponerse del lado de la barbarie. Por doloroso que pueda resultar y por sangrienta que pueda ser la lucha, siempre será mejor conducir el debate político por los caminos de la civilidad y el entendimiento.
Ningún Estado en el mundo puede ser rehén de los violentos y de los que, a falta de razones, optan por las bombas y la muerte, o como diría el mismo José Luis Rodríguez Zapatero, ""las bombas sólo conducen a la cárcel"".
El gobierno espanol y las autoridades del País Vasco tienen la responsabilidad de negociar el tema por la vía del entendimiento. El problema le ha costado mucha inseguridad y muchas vidas a aquel país. Eso no conviene a nadie y mucho menos a una nación con una democracia consolidada como es la de Espana. (El Universal).
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