Tiempo de dejar el auto

A muchos capitalinos les va a molestar la noticia anunciada por Marcelo Ebrard, desde la reunión internacional contra el cambio climático, sobre el eventual cobro en la Ciudad de México para los automovilistas que deseen usar los segundos pisos. La lógica de fondo es que pague quien utiliza más su coche. Está claro que cualquier incremento o imposición de tarifas es impopular por definición; sin embargo, la decisión puede implicar consecuencias positivas de mayor alcance.

Si el argumento de fondo dentro de la declaración del jefe de Gobierno del DF implica dejar de ordenar el espacio urbano según el paradigma que nos ha regido las últimas décadas -preferencia para el automóvil privado por encima del peatón y del transporte público- entonces el costo lo vale. La apuesta futura de una ciudad como la capital no puede continuar bajo la lógica de transportarse fundamentalmente en vehículos privados. Debe desincentivar el uso del automóvil mientras se dota a los ciudadanos de más metrobús, más metro, más líneas férreas, más carriles exclusivos para bicicletas, un mejor equipamiento urbano y mayor accesibilidad para el peatón.

La estrategia concuerda por lo pronto con las iniciativas que en los últimos días se han discutido en la cumbre de Copenhage contra el cambio climático, cuyo objetivo se centra, justamente, en reducir al máximo posible las emisiones de gases de efecto invernadero, en particular los producidos por el uso intensivo de gasolinas y disel. Conseguirlo es imposible sin sacrificios, sin que los habitantes de todas los ciudades -sobre todo de las más pobladas como la capital de México- modifiquen dramáticamente hábitos y costumbres. Ya no hay manera de sostener un esquema en que cada familia utiliza a diario uno o dos automóviles.

Ahora bien, el gobierno del DF habrá de actuar rápida y eficientemente para ofrecer buenos servicios de transporte urbano al tiempo que encarece el uso del automóvil. Es la única manera de compensar la salida de los coches de las calles.

Hoy los capitalinos evitan, en la medida de sus posibilidades, microbuses, taxis y el metro porque padecen retrasos, propician tratos indignos y son peligrosos. Si esto no cambia tan rápido como el aumento de tarifas, las palabras del jefe de gobierno serán ubicadas en la demagogia. Las urnas de 2012 se encuentran a la vuelta de la esquina y el PRD debe recordarlo. Dejar el coche atrás para poner al peatón en el centro del espacio público urge a algo más que buenas intenciones.

El Universal