Tiro al blanco con periodistas

La muerte del periodista Jesús Blancornelas, director fundador del semanario Zeta, nos recuerda su lucha incansable en busca de la libertad de expresión. Es también una triste memoria de que el sexenio de Vicente Fox concluye con cifras alarmantes de periodistas asesinados, convirtiendo hoy a México en uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer esta profesión.

Blancornelas fue un reportero multipremiado y reconocido mundialmente. Sus investigaciones acerca del narcotráfico en Tijuana y las de su socio, Héctor El Gato Félix Miranda, fueron pioneras en periodismo de investigación.

La primera víctima fue precisamente El Gato. Pistoleros vinculados con el actual presidente municipal de Tijuana, Jorge Hank Rhon, lo ejecutaron. Después siguió Jesús, quien a pesar de sobrevivir a otro atentado que lo dejó gravemente herido y con lesiones de las que nunca se recuperó plenamente, cada semana demostraba que no cedió a la autocensura.

El Comité de Protección a los Periodistas, con sede en Nueva York, colocó a México en el lugar 17 de los países que se han convertido en un peligro para la prensa. Reporteros sin Fronteras, domiciliado en París, nos ubica todavía más arriba en la deshonrosa lista, sólo detrás de Irak.

Hasta la agencia de noticias gubernamental, Notimex, registra que en este sexenio hubo 28 periodistas muertos.

Las demandas de la Sociedad Interamericana de Prensa contra la impunidad imperante en los asesinatos a informadores en México han sido de igual manera recurrentes e infructuosas.

Nada más la semana que concluye suma dos ejecuciones, una en Veracruz, Roberto Marcos García, subdirector del semanario Testimonio, y la otra en Guerrero, Misael Tamayo Hernández, director de Despertar de la Costa.

Ante la violencia generalizada en el país, que ya ronda las 2 mil ejecuciones en lo que va del ano, no se trata de resaltar los ataques a los periodistas por sí mismos, al final son simplemente ciudadanos, enfrentados a la impunidad imperante en nuestro país como cualquier otra víctima.

Sin embargo, matar un periodista en México y en cualquier parte del mundo es atentar por vía doble contra la libertad de expresión y contra la construcción democrática. No se trata de pretender un trato privilegiado para los informadores, pero el presidente Vicente Fox queda a deber sus promesas de combatir al nuevo enemigo de la prensa libre: el crimen organizado.

El gobierno de Felipe Calderón, que todavía no da senales de quién podrá ocuparse de la Procuraduría General de la República, heredará una infraestructura que hasta hoy no ha logrado resultados concretos.

La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas apenas analiza si atraerá los casos de los asesinatos de esta semana. Es necesario que la dependencia agilice sus operaciones y presente al futuro jefe del Ejecutivo un proyecto concreto y con plazos definidos que justifiquen su existencia.

De otra suerte, sería mejor que dejara de ser un cargo al erario. Muchas de las víctimas cuyos asesinatos investiga, no dudarían en denunciar su ineficacia. (El Universal)