En nuestro país existen acontecimientos que marcan una época por su trascedencia política, social, cultural o económica, y esos episodios implican, muchas veces, personas muertas, enfrentamientos entre la sociedad y el gobierno o discusiones que dividen a toda una nación.
El 2 de octubre se convirtió en una fecha que jamás se olvidará en México, ya que la matanza de Tlatelolco se recuerda cada año por la represión que vivieron tantas personas que cuestionaron el funcionar del gobierno en turno.
Del dominio público se hicieron esos eventos ocurridos en 1968 en la Plaza de las Tres Culturas; a más de 53 años de aquel suceso, se sabe que murieron más de 300 personas, según los datos oficiales más reservados.
Amir Gómez León, originario de Tuxtla Gutiérrez y activista en aquel momento, relató que junto a otros estudiantes de la Escuela Nacional de Medicina Homeópatica conocieron de cerca lo ocurrido antes de la masacre, debido a la participación que tenían en los mítines.
A él le tocaba repartir volantes y también formó parte de la marcha del silencio. En su obra “Vida de Estudiantes”, que fue publicada en 2008 por el Consejo Estatal para las Culturas y las Artes (Coneculta), describe aquello que empezó como una mera bulla y que se transformó en todo un movimiento social que puso a México en el interés internacional.
Autoridades represivas
La masacre, que vino acompañada de detenciones arbitrarias, reflejó en aquella época el autoritarismo del ejército en el gobierno que encabezaba Gustavo Díaz Ordaz. En una charla con Cuarto Poder, Gómez León describió cómo dos chiapanecos fueron tomados como muertos en la plaza de Tlatelolco y llevados a una prisión en Santa Martha Acatitla. Después quedaron en libertad. Siempre hubo, dice, comunicación con la Confederación de Estudiantes y Universidades previo a las protestas que se realizaban.
El activista recuerda con tristeza aquel acontecimiento en el que murieron cientos de personas y amigos; una bengala verde fue la clave para que comenzaran las detonaciones. Su participación en la Casa del Estudiante Chiapaneco (que le tocó presidir cuatro años después de ser inaugurada en la Ciudad de México) le permitió conocer el movimiento estudiantil del 68, sin embargo, en 1967 ya trabajaba en un consultorio y ello le impidió acudir a la Plaza de las Tres Culturas, epicentro de la matanza.
Antes de que los asesinatos quedaran evidenciados en el centro del país, la instrucción militar era muy clara: desarticular a los miembros del Consejo Nacional de Huelga (CNH). Varios fueron los chiapanecos que participaron en diferentes actividades como acompañantes y activistas, según lo que relató Gómez León.
Su novela describe cómo los chiapanecos levantados fueron transportados a cubículos reducidos donde había varias personas, pero después de los interrogatorios fueron liberados a eso de las 3:00 a. m.
Antes de 1968 también se presentó, como describió Amir, un bazucazo en la preparatoria “Isacc Ochoterena”. Esta situación aumentó las demandas de los estudiantes y grupos sociales que respaldaron las protestas en la Plaza de las Tres Culturas.
Lo ocurrido hace 53 años generó un impacto mundial (debido a la cercanía de los Juegos Olímpicos) por la violación a la libertad de expresión, a la falta de justicia, seguridad y legalidad.
Amir Gómez León recuerda a los estudiantes chiapanecos de aquella época que participaron en diferentes movilizaciones: Adulfo, Edilzar, Jesús, Gerardo y hasta Rodrigo (de quienes se omiten los apellidos porque algunos han fallecido y por respeto a las familias), ellos -explicó- acudían a los mítines, realizaban boteos y visitaban hospitales.
El activista en aquel momento consideró que lo ocurrido en 1968 fue la pauta para consolidar una lucha democrática, en la que se incluyera a los estudiantes en las decisiones gubernamentales. En esos años no habían nacido las universidades en el territorio local.
A más de 53 años de la masacre, el ahora docente Amir Gómez opinó que algunas cosas cambiaron en nuestro país -relacionadas con la democracia-, pero aún se percibe una persecución y control en algunos rubros y en temas que son muy sensibles para las comunidades.
“Vida de Estudiantes” (que se puede descargar de forma gratuita en la página oficial del Coneculta) recopila otras anécdotas: como que el doctor Jesús tenía la intención de comprar overoles para irse de guerrillero a las montañas de Chiapas; afortunadamente, dice el escritor Amir, hizo caso a los consejos de los colegas y cambió su ruta a Pijijiapan para hacer una vida distinta.












