Todavía más desigualdad

Las cifras confirman que la crisis sigue golpeando a los mexicanos. Esta vez el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reporta que el ingreso promedio de los hogares disminuyó 1.6% entre 2008 y 2006, al tiempo que empeoraron la distribución de la riqueza y la calidad de vida.

Las alzas en los precios de combustibles y alimentos, derivadas de las variaciones en el mercado de energéticos y de la crisis alimentaria mundial, impactaron en el gasto de las familias, que han debido destinar una mayor parte de sus ingresos a cubrir las necesidades básicas. Esta situación afectó especialmente a los seis deciles de menores ingresos -60% de la población-, y con mayor fuerza al 10% más pobre, que utiliza 52 de cada 100 pesos para comprar víveres, bebidas y tabaco.

De acuerdo con el INEGI, el 10% de los mexicanos más ricos mejoró su participación en los ingresos nacionales al pasar de concentrar 35.7% a 36.2%. Por su parte, 60% de los mexicanos más pobres se reparte sólo 26.9% de la riqueza total. De ello se infiere que la crisis que vivimos, cuyas consecuencias aún pueden incrementarse, profundizó las disparidades sociales.

Lo que viene a constatar la encuesta sobre los ingresos y el gasto de los hogares mexicanos es que para algunos pocos, esta crisis global no tiene nada de grave, mientras que para la gran mayoría se trata de una tragedia que reduce dramáticamente los ingresos, el ahorro y el futuro de la calidad de vida.

Llegó quizá el momento de repensar el sistema de transferencias que el Estado hace para asegurar la cohesión social entre sus gobernados, sobre todo tomando en cuenta que la información recabada por el INEGI sólo muestra la situación en 2008, antes de lo peor de la crisis. Aún no conocemos el dano en toda su magnitud.