Fueron 15 mil huesos humanos, la mayoría fragmentados y en buen estado de conservación, debido a que estaban termo alterados (quemados o hervidos) los que analizó la investigadora Judith Ruiz González, en Toniná. Esto ayudó a formular la teoría de la “masificación del sacrificio humano”, las relaciones políticas con otras ciudades e incluso las prácticas de antropofagia.
Sobre las prácticas de canibalismo, aclara que la evidencia apunta a que se trató de “una antropofagia ritual, y en Toniná, se observa la evidencia directa en los huesos”, relató la egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la presentación de su libro “Toniná, una ciudad maya de Chiapas”.
Hallazgo
El hallazgo original fue en 1991, sobre un piso de la Estructura 15 de la ciudad, la cual forma parte de una serie de terrazas la estructura más grande conocida como la Acrópolis de Toniná. El descubrimiento no fue de interés para los antropólogos físicos, pero sí para Judith.
“Fue un trabajo muy arduo, son más de 15 mil huesos humanos, la mayoría fragmentados… en buen estado de conservación, precisamente porque la mayoría están termo alterados, lo que ayudó a que perdurarán más tiempo”.
Las condiciones de los restos ayudaron a reconstruir pautas en torno a la práctica del sacrificio humano, así como a reconstruir “todo una cadena operativa en torno al tratamiento del cuerpo dentro de este gran marco mesoamericano que es el sacrificio humano”.
Nuevas hipótesis
De la sociedad de Toniná, se conoce su importancia en el periodo Clásico como centro político de la región y por sus constantes altercados con sus eternos enemigos, la ciudad de Palenque.
En el Clásico Tardío, la mayoría de las poblaciones mayas colapsaron y se deshabitaron, y en el Postclásico hay una nueva ocupación por gente de otro lado, que se les conoce como Chenek, por el estilo cerámico.
“Era como la historia oficial, y también se pensaban que en Toniná, en el Posclásico hay otra población completamente diferente; pero lo que yo encontré, es que es la misma población, si bien ocurrió este colapso maya, hay una pervivencia de la población en cuanto a esta ritualidad y en torno al cuerpo humano así como la introducción de nuevas prácticas”, declaró.
Temporalidad y datos
Los análisis de carbono de tres piezas dentales determinaron se que se trató de un depósito con una cronología aproximadamente de entre el año mil, hasta el 1480 después de Cristo (d.C)
Los restos corporales son de entre 272 y 328 individuos, estaban presentes solo en un promedio medio de 28 % de la totalidad de los huesos. La mayoría eran adultos jóvenes, con un porcentaje menor de infantes y mujeres, lo que apunta se trata de víctimas seleccionadas.
El 68 % de los individuos eran de origen local, de acuerdo a los análisis isotópicos, por lo cual teorizó se trata de cautivos de contactos bélicos locales que mantenían de manera continua y sistemática.
¿De dónde eran?
Un estudio minucioso sobre las diferencias físicas de estos fragmentos óseos permitió conocer a la investigadora que los restos corresponden a personas de regiones del Usumacinta y otras de la Península de Yucatán.
“Lo que está demostrando que Toniná, después del colapso maya, sigue manteniendo estos mismos lazos políticos y bélicos con estas regiones; un pleito muy antaño que pervive después del colapso de la civilización.
Contrario a las teorías que predominaban, no hubo rastro de que las víctimas procedieran del Altiplano o de Altos de Chiapas.
Lo que sostiene que Toniná “siempre mantuvo relaciones políticas pasivas con poblaciones de la depresión central de Chiapas y de otros sitios de los Altos y gracias a estos lazos de comunicación y de comercio pudo pervivir al colapso maya”, concluyó.












