Los industriales de la masa y la tortilla siguen preocupados por la escalada en el aumento de precios en servicios que requieren para su actividad, como la energía eléctrica con permanente tendencia al alza, el agua con pagos altos, además los insumos necesarios para desarrollar su actividad, el gas, la maquinaria, y sobre todo, la harina que anunció un nuevo aumento, entre otros.
Lo anterior los mantiene al borde de la quiebra porque su margen de ganancia cada día es menor y en muchos casos algunos han tenido que cerrar al considerar que no se puede operar con números rojos.
El empresario Martín Maldonado Mejía refirió que de un aproximado de 400 tortillerías en Tapachula, unas 20 han cerrado o mantienen suspendidas sus actividades ante la situación desventajosa que enfrentan, al haber un precio en el producto que no coincide con los aumentos de los servicios e insumos, además de los impuestos que pagan. El kilogramo tiene un precio tope de 20 pesos.
Sin embargo, el acoso a los pequeños empresarios de la tortilla no es el mismo que tiene la Procuraduría Federal del consumidos (Profeco) con las grandes empresas. El kilogramo se vende en promedio a 20 pesos y hay vigilancia de la Profeco, lo que no ocurre con las trasnacionales como Maseca y Minsa, que “suben cuando quieren”.
Las empresas de gas con variaciones de precio cada mes, no obstante, no se les sanciona.
Afirmó que el precio del gas hace tres años se pagaba a 6 pesos el litro; “hoy eso es historia porque ha subido estratosféricamente”.
Ocurre lo mismo con el agua, que a pesar de que es la misma de uso doméstico, se cobra como industrial.
En el caso de la materia prima, la harina, la situación es más grave: sube dos veces por año, y en agosto se tiene un nuevo aumento de entre mil 200 y mil 300 pesos.
A esta situación se le suma una competencia desleal que existe entre el mismo gremio: un problema es la tortillería de reparto que vende paquetes de 850 gramos, aunque la gente cree que es un kilo en 19 pesos, situaciones que pegan en el gremio.












