Tortura a México en Ginebra

"En una declaración espeluznante, el gobierno mexicano admitió ante Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra, que persiste la tortura en el país, pero que se han dado ""los primeros pasos para desterrarla"", aunque durante los seis anos de la administración del presidente Vicente Fox sólo se consignó a un responsable de esa práctica habitual en los recintos policíacos. Terrible.

Cuando el tormento debiera ser sólo relato tenebroso de las historias de la Edad Media, la Santa Inquisición y los regímenes totalitarios, ahora resulta que en México es una práctica común que ya se está tratando de corregir. El tema ha enfrentado a la Procuraduría General de la República (PGR) y a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

En un país en donde los delincuentes actúan con impunidad, los torturadores se ceban generalmente en personas inocentes, para arrancarles confesiones imposibles, extorsionarlos o aparentar que resuelven ilícitos.

De nada sirve saber que lo mismo ocurre en la prisión de Abu Ghraib, Irak, o en los calabozos de la base naval de Guantánamo, Cuba u otras partes de la isla. La tortura debe ser extirpada de raíz en México, con acciones plenas de indignación, no sólo con la firme convicción de erradicarla algún día. No se vale. Eso devuelve al país a etapas muy atrasadas de su desarrollo social y democrático, caracterizadas por la falta de profesionalismo de sus cuerpos policíacos y de seguridad.

El comité contra la tortura de la ONU, reunido en Ginebra, hizo notar cómo en México no se consideran pruebas del tormento los peritajes médicos y las técnicas del torturador buscan no dejar huellas en la víctima.

La tortura es solamente el punto máximo de una habitual violación de los derechos humanos, simbolizada por los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, donde 40 cadáveres ni siquiera han podido ser identificados; los atropellos a las activistas globalifóbicas durante la Cumbre de Guadalajara, en mayo de 2004, y la represión y violaciones a mujeres en San Salvador Atenco, los días 3 y 4 de mayo pasado.

De nada ha servido, entonces, que la PGR presuma que México es el primer país en el mundo en poner en práctica el Protocolo de Estambul, para detectar y erradicar los abusos contra los detenidos, si a final de cuentas esa misma institución reconoce que no ha podido poner en orden a sus agentes.

Ni siquiera podemos considerar que la disminución de quejas por tortura en contra de funcionarios de la Secretaría de Seguridad, de 709 el ano pasado a 257 en el presente, sea motivo de alivio. Las 257 denuncias en lo que va del ano son un número muy alto, casi un caso por día, y muchas víctimas no se quejan porque les parece inútil o por temor a la venganza.

Los funcionarios federales argumentan débilmente que la mayor parte de los casos de tortura ocurren en estados y municipios, lo cual, por cierto, no los hace menos ominosos.

Saquemos al país de la era cavernaria y hagamos que los derechos humanos se respeten a cabalidad en todo México, con policías y agencias de investigación más científicas y menos corruptas que ahora. No es sólo asunto de imagen, sino de avance social. (El Universal).

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