Trabajo infantil, insoslayable

Trabajo infantil, insoslayable

El sol arde. Es mediodía. Pero más calcinante es la miseria que obliga al niño a estar trabajando bajo los ardientes rayos solares. Y al enterarse de que se reinstaló una comisión para proteger a los niños trabajadores, el menor sonríe. Nada sabe de leyes. Solo entiende que el estómago pide comida y nadie se la regala.

Sus pequeñas manos se aferran al mango de la pala. Así se sujeta él a la vida y lucha para subsistir. Aprieta la mandíbula cada vez que mete la herramienta en la grava triturada.

Sus pies, calzados con una sandalia negra de hule, lucen blancos por el polvo.

Su frente está empapada de sudor, pero no se detiene a enjugarlo. Está mentalizado en terminar su jornada.

Da un palazo y de repente se detiene. Sus manos están ampolladas.

Pequeño paréntesis para preguntarle si sabe que ayer quedó conformada la Mesa de Trabajo para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil y Protección del Adolescente Trabajador en Edad Permitida.

“No”. Respuesta a secas, como su boca, como su vida, como el camino desértico que le tocó recorrer por ser de familia paupérrima.

¿Y qué opinas de la Reinstalación de la Comisión Municipal Interinstitucional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil?, insisto.

El niño sonríe. “Parece trabalenguas”, dice. Y así es.

Las palabras, con mayúscula todas, parecen escritas en chino para un menor que solo entiende de necesidades reales.

Esas necesidades de comida, medicina, vestimenta y vivienda que el gobierno no puede cubrir ni los padres quieren sufragar.

Por lo cual miles de niños trabajan en Chiapas.

El alcalde capitalino anuncia que habrá “todo el peso de la ley a quienes empleen a niños de 5 a 8 años”.

“Y a los que empleen niños de 8 a 14 años, sin que gocen de espacios educativos y de esparcimiento”, se le comunica al menor.

El pequeño peón de albañil no pasa de los nueve años. Mira a su alrededor y no tiene espacios educativos.

El área de esparcimiento en la obra negra es una cubeta con mezcla donde se sienta para desayunar.

Y los discursos oficiales seguirán en cascada, siempre rebasados por la cruda realidad. Quedan pocos niños. La mayoría ya son los “hombres y las mujeres de la casa”.