Trabajo infantil, la realidad que supera el discurso

Trabajo infantil, la realidad que supera el discurso

Las circunstancias que atraviesa Chiapas, un estado con alto índice de rezago social, también lo convierte en una entidad que enfrenta un grave problema con el trabajo infantil. Así lo muestra el documento “Modelo de Identificación del Riesgo de Trabajo Infantil”, en el que participaron la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que señala que durante el año 2015 más de 153 mil niños y adolescentes estaban en ocupaciones no permitidas en el estado; además que 99 mil 231 desempeñaban actividades peligrosas.

Lo alarmante de que los niños estén trabajando no es privativo de las zonas marginadas de la entidad. Esta situación está bastante acentuada en las urbes, y un ejemplo claro es lo que ocurre en Tuxtla Gutiérrez, debido a que los datos arrojan que de los 60 mil 177 niños de entre los 12 y 17 años, cuatro mil 577 están en situación de trabajo infantil. Esto representa el 7.66 % de dicha población.

Mientras tanto, las autoridades municipales reconocieron que población infantil que labora en la vía pública llega hasta 12 mil menores, sin embargo, no todos son de la ciudad, un porcentaje considerable viene desde la región de Los Altos.

Mientras tanto, el mapeo mostrado en el Modelo de Identificación del Riesgo de Trabajo Infantil detalla que entre 29 y 51 municipios del estado muestran alto riesgo de trabajo infantil; entre 15 y 28 presentan indicadores medio y el resto muestra porcentajes bajos.

En este desglose se remarca que en la entidad, los municipios que presentan los índices más altos de actividades no permitidas concentran un gran número de población indígena, sin embargo, esta problemática también se relaciona (según la OIT) con factores económicos, culturales y sociales.

Opinión

Para Yulma Gordillo, presidenta de la fundación Manos Unidas por Chiapas, la llegada de la pandemia del covid-19 aumentó la presencia de los menores en las calles debido a que muchos son hijos de madres solteras.

“Me gustaría recalcar que la sociedad tiene la percepción de que los niños de las calles son explotados, pero no es así, muchos de ellos deciden trabajar para ayudar a sus familiares, o ganarse algunas monedas que les sirven para comprar lo que ellos desean”, dijo.

La situación que ocurre en la capital de Chiapas es reforzada por lo que señala Gordillo, debido a que sí existe una explotación infantil dentro de las familias indígenas que se mantienen en los cruceros del libramiento Norte, como en la entrada a la colonia Patria Nueva o en las cercanías de la 5ª avenida Norte.

“A las seis o siete de la noche sacan a trabajar a los niños, en general porque a esa hora salen del turno vespertino de la primaria, porque las personas tienden a dar más dinero; mientras más tarde puedan permanecer, más pueden tocar el corazón de la gente porque les provoca preocupación ver a los niños tan tarde trabajando”, relató.

La Secretaría de Economía en Tuxtla Gutiérrez, a través del Modelo de Identificación de Riesgo contra el Trabajo Infantil, reveló que en la capital el riesgo de trabajo infantil es bajo, a diferencia de otros municipios que se analizaron y salieron con números bastantes negativos.

Además, se identificó en la capital chiapaneca los puntos que representan mayor riesgo para los infantes, son las colonias: Las Águilas, Emiliano Zapata, KM4, Democrática, Chiapas Solidario, Canteras, San Isidro, La Ceiba, Loma Larga, Vida Mejor, Patria Nueva, Alianza Popular, Ribera, Guadalupe, San José Terán, Granjas Campestre, El Jobo, Copoya y Llano del Tigre.

Contexto

Uno de los indicadores más actuales lo ofrece el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi-2019), al precisar que en México 3.3 millones de niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años estaban en situación de trabajo infantil.

Chiapas se ha convertido en la tercera entidad del país en presentar la tasa más alta de trabajo infantil, al registrar que el 18.3 % de la población, de cinco a 17 años, estaba bajo dicha condición. Sólo fue superado por Oaxaca y Puebla, que presentaron el 21.5 y 18.3 % de forma respectiva.

En el país, remarca el Inegi, “la población infantil de cinco a 17 años en actividades económicas no permitidas por la ley o que ponen en riesgo la salud o afectan el desarrollo físico y/o mental de las niñas, los niños y adolescentes, en los últimos doce años disminuyó 1.5 millones, al pasar de 3.5 millones a 2 millones, entre 2007 y 2019”.

Por otra parte, remarcó que de la población que está en actividades no permitidas, el 25.6 % de los hombres y el 30.8 de las mujeres no recibe ningún ingreso; apenas 0.6 % de mujeres y el 3.4 de varones son los que reciben más de dos salarios mínimos.

“En 2019, los motivos por los que trabajan los niños, las niñas y los adolescentes, destacan el pago de la escuela y gastos propios (19.1 %) y por gusto o ayudar (27.2 %). En un segundo bloque de motivos se encuentran aprender un oficio (12.6 %), pagar deudas, no estudia u otra razón (12.0 %) y finalmente, el hogar necesita de su aportación económica con 13.3 por ciento”.

Contraparte

Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil agrupadas en la Red por los Derechos de la Infancia y la Adolescencia en Chiapas (Redias), cuestionaron la iniciativa gubernamental que busca erradicar el trabajo infantil en la entidad, pues esta sólo promueve –acusaron– la criminalización, estigmatización e invisibilización de niñas, niños y adolescentes trabajadores.

Los activistas criticaron que las autoridades que impulsan esa cruzada se propongan erradicar el trabajo infantil sin garantizar el cumplimiento universal e integral de los derechos de la infancia y la adolescencia, y sin ofrecer opciones de supervivencia y desarrollo a los más de dos millones de niños y adolescentes que viven y transitan por la entidad.

La expansión del trabajo infantil en México muestran que si un niño deja de trabajar impactaría de forma directa en los ingresos de sus hogares, además de que la carga laboral para los demás sería más pesada; sólo el 25.1 % reveló que no pasaría nada.

Los quehaceres domésticos, que son actividades que se realizan en el hogar pero que no generan remuneraciones y sí afectan la salud y la integridad física de quienes las realizan, mostraron que para el 2019 un promedio un millón 500 mil personas, de entre cinco y 17 años, estaban en esas condiciones; en este rubro, Chiapas ocupó la segunda posición con el 8.7 % de la población en ese rango de edades.

Educación y no trabajo

Cuidar que los niños se desenvuelvan en un entorno sano en todos los sentidos es fundamental, tal y como lo apuntó la psicóloga clínica y psicoterapeuta Gestalt, Leticia Pérez de la Cruz, al señalar que la escuela (y no el trabajo infantil) es un espacio que fomenta el desarrollo social del menor, y por lo tanto es primordial desde la edad preescolar.

La suspensión de clases presenciales puso en un panorama muy complejo a los menores durante la pandemia; en consecuencia, vino un ambiente de estrés general.

Los padres y madres de pronto se vieron inmersos en una serie de necesidades, ocupaciones y emociones que resolver, entre el trabajo, las tareas domésticas, alguna cuestión de salud, que no tienen dónde dejar a los hijos, el bombardeo de información sobre la pandemia, las clases virtuales, las tareas y muchos más.

La especialista dijo que lo primordial es que los padres se cuiden a sí mismos, porque ellos tienen que garantizar que el ambiente de su hogar sea sano, en cuestión de emociones y salud física. Al subir el nivel de estrés en los adultos, los niños empiezan a manifestar conductas similares.

La psicóloga indicó que si bien esto requiere mucho trabajo intrapersonal de los padres, madres o tutores, es posible hacerlo. Se puede leer sobre disciplina positiva y diversos métodos de crianza afectiva, que ayudan a saber cómo lidiar con las emociones de un niño, sobre todo los berrinches.