"Durante los últimos 30 anos, México ha transitado, no sin dificultades, hacia un sistema político cada vez más abierto, plural y heterogéneo. Valores como la tolerancia y el diálogo forman parte de nuestra cotidianidad, por lo que no podemos dejar que residuos de polarización electoral de 2006 perjudiquen la acción de gobierno, tanto a nivel federal como del DF. Rencillas, mezquindades y politiquerías son un peligro, pues quienes están fuera de la ley se aprovechan de los pleitos de la elite.
En la última semana, en diversos foros y con distintos tonos, el Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, se ha referido a los ciertamente graves rezagos en materia de infraestructura que tiene la ciudad de México. Los capitalinos bien sabemos de problemas viales y comenzamos a asomarnos a los de un drenaje profundo insuficiente y en peligro de colapso, entre otros muchos temas que pudieran ser motivo de crítica hacia las autoridades no sólo del actual gobierno, sino de varios de sus antecesores.
Aun así, como decía don Jesús Reyes Heroles, la forma es fondo, por lo que, en el contexto político heredado del ano pasado, una crítica directa del jefe del Ejecutivo federal a las autoridades del Gobierno del DF no puede ser asumida como neutra, sin carga o sesgo partidista.
Marcelo Ebrard igualmente lleva agua para su molino personal. Rechaza cualquier trato con la Presidencia de la República aduciendo diferencias ideológicas y políticas derivadas de la elección del ano pasado. Como militante está en su derecho de criticar a quien quiera, pero como gobernante electo ha de apegarse a un mandato irrenunciable, que lo obliga a trabajar no sólo con las autoridades federales, sino con las de entidades vecinas, sean de la extracción partidista que fueran.
Dice no querer tomarse la foto. Está en su derecho, insistimos, pero no puede limitarse a ejercer sus funciones a trasmano, con operadores de la obra de gobierno, sin afectar la calidad de rendición de cuentas que presenta a la ciudadanía del Distrito Federal, no toda perredista. La ""cero negociación"" no cabe en las atribuciones de un funcionario público electo.
Ni el presidente de la República ni el jefe de Gobierno capitalino deben eternizar el conflicto y la polarización propia del acotado tiempo de las campanas políticas.
Ya no digamos que es antidemocrático; es incluso infantil de parte de ambos seguir con la pulla personal.
Desde 1989, cuando fue electo Ernesto Ruffo Appel, del PAN, como el primer gobernador de oposición en la era moderna, hasta nuestros días, la pluralidad político-partidista en el Congreso de la Unión, en los gobiernos estatales, en los municipales y en los congresos locales nos ha permitido avanzar hacia esquemas de convivencia política dentro de una situación de civilidad. Fuerzas partidistas de distinto signo conviven. Eso es lo que quieren los electores.
Es inadmisible pretender regresar el reloj de la historia a los tiempos de la intolerancia política, por muy enconada y cerrada que haya sido la elección presidencial pasada. Ya tendrán el 2009, estos y otros personajes, para dirimir presuntos agravios. (El Universal)
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