Tradición zoque viva en las calles de Tuxtla

Las vírgenes de Copoya llegaron a la ciudad, rumbo a la celebración de la virgen de la Candelaria. Samuel Meneses / CP
Las vírgenes de Copoya llegaron a la ciudad, rumbo a la celebración de la virgen de la Candelaria. Samuel Meneses / CP

Con música, fe y comida tradicional, las vírgenes de Copoya llegaron a la colonia Azteca para iniciar su estancia en Tuxtla Gutiérrez rumbo a la celebración de la virgen de la Candelaria, una tradición zoque que se vive durante más de 40 días.

El aroma del incienso se mezcló con el cacao del pozol, con la llegada de las vírgenes de Copoya a la capital chiapaneca, pasaron a la casa del primer y segundo madre prioste de espera, previo a la celebración de la Virgen de la Candelaria.

Recorrido

Cubiertas con telas, las imágenes recorrieron casas y barrios en una tradición que se extenderá por más de 40 días.

Francisco Javier Ruiz Velasco, quien este año ocupa el cargo de primer y segundo madre prioste de espera, explicó que la celebración está dedicada a la virgen de Candelaria, pero también a las tres advocaciones que acompañan la mayordomía: la virgen de Copoya, la virgen del Rosario y la virgen de Olaechea María.

“Somos los que esperamos la fiesta. Después de nosotros siguen los mayordomos. Aquí las virgencitas se quedan hoy y mañana, y el domingo las entregamos para que continúen su recorrido”, relató.

El recibimiento mantiene rituales que se repiten generación tras generación: pozol blanco, de cacao, molito de ningüijuti, caldo de res, música y danza tradicional.

Imágenes

Las vírgenes permanecen cubiertas, no solo para proteger las imágenes del polvo o los flashes, sino por el respeto que implica lo sagrado.

“No cualquiera puede verlas, es parte del simbolismo”, explicó, mientras reconoció que recibirlas es motivo de alegría, fe y orgullo cultural.

“Es mantener vivas nuestras costumbres. Uno espera un año entero para cumplir este compromiso”, afirmó.

La preparación comienza desde el momento en que una familia acepta el cargo, antes, hay visitas, explicaciones y acuerdos familiares.

Luego vienen rituales como el agradecimiento, la floreada y después, un año completo de organización, ahorro y trabajo.

Vestimentas

Acompañando el recorrido llegan también los danzantes tradicionales, tal es el caso de Raúl Hernández Pérez, originario del ejido de Copoya, quien participó como danzante y señaló que el baile representa el sol naciente y las vestimentas antiguas de las abuelas zoques.

“Los hombres bailamos vestidos de mujer, como se hacía antes. Es una forma de agradecer y de mantener viva nuestra fe y nuestra costumbre”, enfatizó.

Durante la celebración, se ejecutan danzas como el napapoketzé, yomoetzé, suyoetzé y langaluné alrededor de la casita ritual, conocida como robadera.

Estos rituales buscan que el ciclo festivo sea favorable para la comunidad y para el campo, y que la bendición alcance a todas las familias.

La estancia de las vírgenes en Tuxtla se prolongará hasta marzo, sin una fecha exacta, ya que siempre puede surgir otra familia que las pida y abra su casa.

Y así, entre pozol, incienso y danza, la tradición zoque seguirá caminando por la ciudad en un acto de fe y gratitud.