Traficar con la dignidad humana

"La trata de personas en México es un fenómeno del que poco se habla y poco se atiende, aunque autoridades como el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, aseguren que es de la mayor importancia para el gobierno. La evidencia muestra que este tipo de delitos no merece tanta atención como el combate al narcotráfico, pese a que en él muchas veces las víctimas no son adultos que participan consensualmente en el delito.

A nivel internacional México es conocido como un punto clave para el tráfico de personas en América Latina. Ya sea lo que entra por la ""frontera olvidada"" del sur, con Guatemala, o en el norte, en conexión con Asia o Estados Unidos.

Esta situación dio pie para que la encargada de estos delitos en el Departamento de Estado de EU, Jane Sigmone, calificara a nuestro país, por cuarto ano consecutivo, como de los que ponen un nivel de atención medio al problema, por lo que demandó que se procese a los delincuentes, se proteja a las víctimas y se combata la corrupción.

Mucho nos falta por hacer en esa materia. Sería necio negar que el problema es marginal y está focalizado en algunos puntos pequenos del país. Justo ahora, por ejemplo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación está por revisar, la semana que entra, el expediente del caso de la periodista Lydia Cacho, quien al investigar a un grupo de pederastas en el sureste de México recibió el contraataque de políticos de variado cuno, que exhibió las poderosas conexiones de esta banda con funcionarios, desde Quintana Roo hasta Puebla.

En ese mismo contexto se tramita la extradición de otro protector de tratantes de blancas, Mario Villanueva, quien además de sus probados vínculos con el narcotráfico se involucró con el tráfico humano, según reveló en su momento un informe de la Interpol titulado ""Imperio tropical"".

No es, entonces, algo nuevo en el país y debe atenderse con prontitud y energía, lo cual no exime de responsabilidad alguna a Estados Unidos, que con la misma energía con la que nos pide eficacia ante el fenómeno debería corresponder en su país, con investigaciones y consignaciones de quienes cierran la ecuación que tanto dana a seres inocentes. Como en el caso de las drogas, la demanda alienta la oferta.

No en balde la mayoría de los detenidos por delitos de pederastia en balnearios como Cancún y Puerto Vallarta viene a hacer turismo sexual desde países ricos como Estados Unidos.

Debemos ponerle atención a un problema que está ligado al de la esclavitud, la venta de ninos, ninas y jóvenes, con la lógica de que uno más fuerte puede imponerse y humillar a los más débiles. Esto es barbarie y México no debe permitirlo.

Por eso también vale la pena atender el llamado que hace la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Ninas en América Latina, que pide revisar con cuidado el intento por legalizar la prostitución en el Distrito Federal, porque en su esencia no hay un neutro asunto comercial, sino uno que involucra el tráfico con la dignidad de las mujeres comerciadas, muchas veces en circunstancias contra su voluntad o bajo coacción. Nadie merece ser comprada, vendida o vejada como un objeto. (El Universal)

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