Las torrenciales lluvias en Tabasco y Chiapas ya han dejado como trágica secuela mucha destrucción a su paso y casi un millón de damnificados, que han quedado sin bienes y en la más completa zozobra. El cambio climático sin duda influye en el desmesurado flujo de precipitaciones pluviales; sin embargo, es tiempo de analizar si mucho de este trágico momento pudo haber sido evitado con medidas de prevención que no fueron interpuestas a tiempo. Hay cientos de miles de tabasquenos desplazados de sus hogares, cuando en la entidad hay un total de 2 millones de habitantes, lo que pone en dimensión la emergencia. La red hidrológica de las principales ciudades de la entidad es vasta y compleja, lo que haría pensar en que los planes de protección civil deberían haberse puesto en alerta desde antes de la llegada de los frentes fríos y las depresiones tropicales. El propio gobernador Andrés Granier comparó la situación de Tabasco con la de Nuevo Orleáns tras el paso del huracán Katrina, en el ano 2005. Los paralelismos pudieran ir más allá de las simples imágenes de desolación que se están viviendo, con sus albergues al tope y la sensación de un futuro cancelado para sus víctimas.
Allá se multiplicaron los efectos del fenómeno meteorológico por falta de planeación, negligencia e incluso lentitud en la ayuda a los damnificados en las horas posteriores a las inundaciones. Aquí tenemos que empezar a preguntarnos qué pasó, quién falló en los servicios de alerta o de seguridad -tanto a nivel local como federal- y cómo pudo ser evitado. Son momentos de ayudar a los hermanos en desgracia, sí, pero también de prever este tipo de problemas que amenazan con generalizarse y volverse recurrentes.
Como lo que está sucediendo en Tabasco es tan grande, ha quedado un tanto relegado en las informaciones Chiapas, donde casi 70 mil damnificados del norte y centro del estado no la están pasando mejor. Las lluvias sin control han causado desbordamientos de 16 ríos, arrojando a miles de compatriotas fuera de sus hogares.
Ya hablábamos la semana pasada de lo insuficientes que fueron los sistemas de protección civil, en el caso de los derrames de crudo en los ríos de Veracruz, que ocasionaron una alarma ambiental y social de importancia. En Tabasco y Chiapas de nueva cuenta nos encontramos con la misma ausencia de esquemas de protección civil preventivos. Acaso la red de albergues ha funcionado, incluso no se sabe de problemas en el aprovisionamiento de víveres, agua y colchas.
Sin embargo, sabemos que cada ano llueve más, por lo que tales fenómenos no nos deben seguir tomando por sorpresa. No debemos ver sufrir a tanto compatriota por esta temporada del ano, por eventos que de un modo u otro sabemos que ocurrirán y cada vez con mayor violencia.
De momento hay que resolver lo urgente, pero también hay que trabajar ya, de inmediato, para estudiar cómo se debe enfrentar este mal clima el próximo ano y no tener que estar en la misma situación, porque entonces ya no sería negligencia de autoridades de todos los niveles de gobierno, sino un franco crimen. (El Universal)











