“La introducción de transgénicos en el país se ha ido permeando desde hace años”, advirtió el dirigente en Chiapas de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), Carlos Humberto López, quien argumentó que esta problemática ha sido provocada por la falta de atención al campo mexicano, la disminución de apoyos y su mala distribución.
Si bien detalló que el uso de las semillas modificadas genéticamente no se ha detectado en la elaboración y consumo de tortillas, el hacerlo podría representar no solo riesgos en la producción del grano mexicano, sino también “afectaría la salud de muchos mexicanos”.
Según datos del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (SIAAA), en 2019 México sembró 195 mil hectáreas de cultivos transgénicos, siendo uno de los mayores productores en América Latina. Los cultivos transgénicos más comunes en el país son el maíz, la soja y el algodón.
“La queja más grande es que ya no hay juventud en el campo, todos han emigrado y eso ha provocado que se apliquen transgénicos en varios productos del campo; y no solo es con el maíz, esto se encuentra en otros productos que son de importación, y en cuestiones del campo, México desgraciadamente se ha vuelto más importador que exportador”, subrayó el dirigente.
Paracaidismo en la agricultura
Agregó que en este momento las autoridades están haciendo algunas entregas de fertilizantes y otros apoyos, “pero muy a cuentagotas y muy mal distribuido; desgraciadamente no hay vigilancia y hay la existencia de servidores de la nación que, lejos de poner un alto, han hecho de las suyas apoyando a algunos grupos”.
Acotó que estos grupos “son prácticamente acopiadores de esas aportaciones bajo la presión de no entregar el fertilizante, y muchos están condicionando el apoyo”.
“Nosotros hemos sido gestores llena papeles, y estamos de acuerdo que los apoyos sean directo al campo y que el beneficio directo sea al campesino”, concluyó.












