"El ex presidente Vicente Fox podría proporcionar, involuntariamente, un efectivo servicio a la República. Quizá gracias a él se transparentarán o suprimirán todos los comodatos que indebidamente favorecen a las entidades públicas, como ya canceló el jefe del Poder Ejecutivo los correspondientes al Estado Mayor Presidencial.
El comodato es una figura legal que permite que un bien sea prestado a alguien sin ningún pago. En general, ésta se emplea en favor de sociedades benéficas o que ofrecen cierto servicio social, cívico, educativo o cultural.
Investigaciones de este diario han comprobado que, cuando fue presidente, Fox se benefició -y se sigue beneficiando ahora, fuera del poder político- con el usufructo de vehículos de excepción recibidos de particulares bajo la figura legal mencionada.
Los comodantes, grandes empresas transnacionales y contratistas que hicieron obras y proporcionaron servicios durante el sexenio pasado, incurrieron en acciones que, si bien ellos justifican como una práctica común, no pueden ser vistas sin suspicacia ante la prevalecía de ciertas marcas en las adquisiciones públicas hechas por los que se beneficiaron de su ""generosidad"".
La Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos prohíbe que los funcionarios reciban directamente, o por intermediarios, dinero, objetos en enajenación a precios notoriamente inferiores a los corrientes, donaciones, empleos o favores para sus parientes cercanos.
Pero el Presidente de la República no puede ser sujeto de responsabilidades administrativas. Ni hay ley que castigue a quienes, empresas o personas, participan en la comisión de esos delitos.
Fox se metió en este atolladero, al volante de un llamativo todoterreno, junto con la senora Marta Sahagún, su esposa. Lástima que no pueda salir de golpe de la carretera de la crisis política por la que transita, como hizo anteayer durante una entrevista en una televisora estadounidense.
El presidente Felipe Calderón mostró rápidos reflejos al prohibir al Estado Mayor los contratos de comodatos. El primer efecto de la medida es bajar presión al escándalo, pero si la tomamos con buen ánimo sería deseable que de este asunto ""del automóvil rojo"" -como en la película de Enrique Rosas- se extendiera la revisión a todo el Gobierno.
Es claro que habrá algunas instancias del servicio público que noblemente se beneficiarían de la donación en comodato de ambulancias, patrullas y hasta aviones para transporte en situaciones de desastre.
Ninguno de estos elementos, sin embargo, se cumple en la bonanza, evidente por las fotografías, del rancho guanajuatense del ex Presidente y su esposa.
Naturalmente, la empresa armadora propietaria de los vehículos puede argumentar que éstos realmente han sido puestos a prueba. Una prueba excesiva después de tres anos e inútil para una companía que vendió 138 de los 215 vehículos que el Estado Mayor, la guardia del Presidente, tiene en su parque.
Por su parte, Vicente Fox, acorde con su estilo personal de gobernar, en este caso traspasó la línea divisoria entre lo público y lo privado. Se la marcaron de fuera; a ver si la respeta finalmente. (El Universal).
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