Tras el sismo; en busca de rumbo

Tras el sismo; en busca de rumbo

Los pobladores de Paredón enfrentan día a día muchas incertidumbres: La alimentaria, la productiva, la patrimonial, y la inseguridad. La propia llegada al pueblo cuando empieza a caer la tarde, es un factor de riesgo. Los caminos hoy en día son lugares donde el peligro está al acecho. Nadie está dispuesto a esperar transporte una vez que las sombras se hacen presentes. La miniván en que nos trasladamos de la cabecera municipal al poblado, es la última; vamos 22 adultos y tres niños, uno de ellos lactante.

La población reconoce de inmediato a la prensa. Abren sus puertas y sus corazones: “Ya sabemos de desgracias, ya ‘Bárbara’ (el huracán) nos quitó el techo completo de mi casa; a otros les encaramó sus lanchas hasta en los árboles…” dice uno de los lugareños. Con la voz quebrada narra el terror de la trágica noche, del mes pasado: mientras techos y paredes caían, la tierra se abría y corrientes de agua brotaban por calles, patios y banquetas.

Cuatro días después del terremoto, Miguel Ángel Velasco Calderón recorrió el poblado con sus hijos y esposa; regalaron todos los tacos que tenían para la venta. Desde ese día sólo vende el sábado y domingo. No hay para más.

Me advierten: si sigue caminando a esta hora de la noche, no se acerque a la zona de la playa, ni más allá de la carretera. Hay mucha gente que ha venido de fuera y se ha quedado aquí. A ellos se han sumado adultos y jóvenes para los que la pesca ya no es suficiente para el sustento familiar. Han buscado por caminos menos legales y más oscuros.

Varios cientos de fieles realizan un culto público en la calle. Es fácil entender por qué la devoción se ha disparado.

Por tercera noche consecutiva, el pueblo se queda a oscuras a partir de las diez. Al calor y la humedad se sumarán las nubes de mosquitos. Las familias apresuran sus pasos, los mototaxis van todos llenos, las casas de campaña empiezan a ser levantadas.

Llegan las sombras y a lo lejos se escuchan los motores de las lanchas que enfilan hacia altamar, guiados por la luna menguante. Fotos y Texto Óscar León (Primera de tres partes)