De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión y la ansiedad cuestan anualmente a la economía mundial mil millones de dólares en pérdida de productividad.
Por cada dólar invertido en el tratamiento de los trastornos mentales más frecuentes, se obtiene un rendimiento de cuatro dólares en mejora de la salud y la productividad.
Estos datos los dio a conocer Felipe Francisco Millán, analista de programas del Centro de Desempeño y Gerencia de la Secretaría del Trabajo de Estados Unidos, durante el conversatorio “Salud mental: el reto de la nueva normalidad”, organizado por la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH).
Según la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM - 2018), el 85% de las organizaciones en México no tiene las condiciones adecuadas para que sus colaboradores tengan un balance laboral y de vida.
El 11 % del gasto destinado a la atención de discapacidades laborales se relaciona con trastornos mentales. Además, no atender los factores de riesgo psicosocial en el mundo del trabajo le cuesta al aparato productivo nacional cerca de 16 mil millones de pesos anuales.
Las medidas que se tomaron durante la pandemia y la enfermedad del coronavirus generaron un impacto en la salud mental de todas las personas. Conductas negativas se agudizaron por el aislamiento, falta de dinero, pérdida de familiares, desempleo y otros factores.
El estrés laboral, una de las principales consecuencias, se refiere a la creciente presión en el entorno laboral que puede provocar la saturación física y mental del trabajador, generando diversas consecuencias que no solo afectan la salud, sino también su entorno más próximo, ya que genera un desequilibrio entre lo laboral y lo personal.
Hay síntomas emocionales como ansiedad, miedo, irritabilidad, mal humor, frustración, agotamiento, desmotivación; conductuales como disminución de la productividad, cometer errores, reportarse enfermo, trato brusco en las relaciones sociales, llanto, consumo de alcohol y tabaco.











