Tristeza y soledad en panteones de Reforma

Tristeza y soledad en panteones de Reforma

Por primera vez en la historia de la celebración del Día de Muertos, en los panteones se sintió la tristeza y soledad ante la poca presencia de visitantes que en años anteriores abarrotaban los camposantos, haciendo de esta una fiesta familiar.

Desde las primeras horas de este 2 de noviembre, elementos de Protección Civil, policías y de la dirección de reglamento, así como Tránsito Estatal y Municipal, se dieron cita en la entrada de los principales panteones de la ciudad de Reforma, con el fin de alistar el protocolo de salud y coordinar la entrada y salida de los visitantes.

La copiosa lluvia de la mañana obligaba a las personas a guarecerse bajo las carpas, mientras que los vendedores de  veladoras, flores, velas y coronas cubrían sus ventas para evitar que se mojaran.  

A medida que transcurrían las horas, uno que otro familiar se acercaba a la entrada de los dos principales panteones, el central y el de la colonia UNE, donde varios jóvenes del grupo de Regeneración por Reforma entregaban en forma gratuita flores de cempasúchil

Al momento de ingresar al camposanto se llevaba un registro de las personas que llegaban, a las que se les obligaba portar cubrebocas, aplicarse gel antibacterial y la toma de temperatura, al tiempo que se les indicaba que el tiempo en el interior era de media hora y la salida sería por  la otra entrada del panteón.

A media mañana se presentaron elementos de la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios, quienes encabezados por Loisel Álvarez Escolástico, supervisaron los trabajos de sanidad y protocolos para la entrada a los panteones, mientras promocionaban el reto de 14 días con cubrebocas, el cual dio inicio desde el pasado 30 de octubre, para terminar el 13 de noviembre, con el propósito de evitar contagios de Covid-19.

En el interior de los panteones la tristeza y la soledad reinaba en las  sepulturas, debido a que por la pandemia y las copiosas lluvias de los últimos días, las familias prefirieron quedarse en casa, mientras que las que llegaron fueron mínimas, y no se sentía la alegría de las familias conviviendo, ya que además se prohibió la entrada de alimentos y el ingreso no mayor a tres visitantes por familia.