"Alta sustancia y desbordan trivialidades las campanas electorales. El altísimo presupuesto que se concede a los partidos políticos, junto a lo destinado a la investigación científica, por ejemplo, se pierde en reiterados anuncios en medios electrónicos que aturden, pero no informan; prometen, pero no proponen.
Durante una entrevista hecha en el marco del programa de televisión ´Código 2006´, que EL UNIVERSAL con Proyecto 40 iniciaron ayer, el presidente del Instituto Federal Electoral, IFE, Luis Carlos Ugalde, expresó su preocupación por lo que parece ser una carencia de contenido de las campanas presidenciales, arropadas por lemas huecos y promesas irrealizables.
Como hace seis anos, todos los candidatos dicen que van a acabar con la pobreza, a generar empleos, a restablecer la seguridad, a liquidar la corrupción, a recuperar el crecimiento económico y a multiplicar la inversión. Dentro de seis anos nos dirán por qué no se pudo.
No obstante, hoy no se conoce un planteamiento serio, sensato, que nos precise hasta dónde se puede llegar realmente y cómo, y cuál es la parte de responsabilidad que a cada quien le compete. La democracia está indigesta de anuncios de producción cinematográfica que no aterrizan en la realidad del hombre y la mujer entregados cotidianamente a la lucha por sobrevivir.
A los candidatos les preocupa lo superficial, el maquillaje, el peinado, el traje, la sonrisa y los gestos del pulgar hacia arriba. Lo anodino, lo que menos importa, es la prioridad en los anuncios. La propuesta de gobierno desaparece detrás de lo pueril. Los directores de campana quieren cautivar la vista y endulzar el oído, con olvido de la razón y de la voluntad de análisis del elector.
Así concebidas, las campanas son un lastre para la democracia, no un motor del interés ciudadano.
Las elecciones son un instrumento clave de los sistemas democráticos, pero la democracia no termina allí. Ellas son apenas el comienzo. Vivir en un sistema democrático significa disponer de las mismas oportunidades de vida, salud, educación, trabajo, justicia, seguridad y prosperidad. Calculemos todo lo que aún tenemos que recorrer para enorgullecernos de nuestra democracia.
Ahogados en la mala fama, los desplantes despóticos y la falta de estatura, los candidatos todavía no han proclamado su verdadero proyecto nacional, bien asentado pero viable, ambicioso pero realista. El lema de la campana debe sintetizar la esencia del proyecto. Un símbolo sin sustancia no tiene efecto, o lo tiene, pero danino.
Detrás de la superficialidad de los mensajes hechos spot se agazapa el temor de lastimar susceptibilidades que signifiquen pérdida de sufragios. Pero también está el deseo de rehuir compromisos concretos, de ocultar las verdaderas intenciones e intereses que hay en toda contienda política. La lucha por el poder es una lucha de intereses, sobre los cuales debe prevalecer el interés nacional.
Hacer una campana de propaganda política como se hacen las campanas de publicidad para imponer un detergente sobre otro, puede dar resultado de momento, pero no abona el terreno del desarrollo democrático. Los anuncios tienen su parte en la campana, pero es una lástima que todo se resuma en ellos.
Urge, como ha dicho el presidente del Consejo General del IFE, que ""protejamos a nuestra democracia de la trivialización""; de no hacerlo, su calidad en México adquirirá dimensiones mínimas, con una cultura política raquítica y con resultados evidentemente peligrosos para el futuro de la vida democrática nacional. (El Universal).
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