Como lo marca la tradición católica, en el Domingo de Ramos -bajo lineamientos preventivos- algunos fieles podrán acudir a la iglesia para bendecir sus palmas, dando inicio oficialmente a la Semana Santa.
Es importante mencionar que ese día la Iglesia católica recuerda y conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, donde los fieles lo recibieron ondeando ramos de olivo y de palma, extendiendo mantos y orando.
Según el simbolismo, los ramos representan el signo de la renovación de la fe en Dios, pero también significan que proclaman a Jesús como “rey del cielo y de la tierra, soberano de nuestro corazón”.
Antes de esta procesión bendita, a los pies de la iglesia del Calvario, ubicada en la 2ª Oriente Norte, barrio San Jacinto, de la capital chiapaneca, se observa a un grupo de artesanos -hombres, mujeres y niños- provenientes de la etnia de Aguacatenango, municipio de Venustiano Carranza, tejiendo la palma.
Apostados en la acera peatonal y con la poca sombra que logran aprovechar, extienden mantas donde colocan la palma de cera y trigo, formando cruces y otros objetos referentes a este hábito consagrado
Las mujeres vienen ataviadas con la vestimenta y los bordados característicos de su pueblo: sus raíces tseltales se hacen notar en la sangre, y aunque defienden su cultura comunitaria, aquí en la ciudad manifiestan algo de incertidumbre ante las autoridades fiscales que vigilan la zona.
“Cada año en esta temporada siempre venimos a vender cruces y coronas en algunos templos como el de San Francisco de Asís, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de Candelaria y la Catedral de San Marcos, pero vemos que la iglesia del Calvario es la única que permanece abierta, por eso aquí nos instalamos”, comenta María Isabel Velázquez López, artesana de palma proveniente de la colonia Marcos E. Becerra, de Aguacatenango.
Menciona que en algunas localidades indígenas de Carranza como El Carmelita, La Concepción y Nuevo Paraíso, entre otras, pocas personas son las que se dedican a cultivar este producto y traerlo a la capital para su comercialización, además de que preservan su herencia atávica y religiosa.
También desde Acatlán de Osorio, Puebla, se instala una mujer y comparte su producto junto a los indígenas del estado; viene de la región Mixteca a probar suerte en el sureste de México.
La mujer prefiere no compartir mucha información, pues rápidamente comienza a atender a los clientes devotos que se acercan para adquirir la cruz de palma. Pero sí comparte que su familia produce y vende en Tehuitzingo y Ahuehuetitla, Puebla.
Muchos vendedores llegaron desde el miércoles con la finalidad de tener una ganancia baja pero segura, lo cierto es que con el paso de los días muchos más católicos se acercan para adquirir las cruces, bendecirlas el “domingo santo” y llevarlas a sus hogares.
Los actos principales son la bendición de las palmas, la procesión, la misa y el relato de la “Pasión de Cristo”.
Para finalizar, los artesanos comentan que lo que puedan recuperar durante estos días que han estado en Tuxtla servirá para poder subsistir en sus comunidades y con ello apoyar a sus familias, y aunque cada ramo cuesta de 15 a los 50 pesos (el objeto más caro), para ellos posiblemente sea una buena ganancia, ya que “en nuestras comunidades no hay por dónde trabajar, somos de campo y la situación no es nada fácil”, y en Carranza, afirman, el panorama está igual de desalentador.












