Tuxtla, la ciudad transformada

La Catedral de San Marcos también ha sufrido múltiples modificaciones junto  al crecimiento arquitectónico de la capital. Carlos López / CP
La Catedral de San Marcos también ha sufrido múltiples modificaciones junto al crecimiento arquitectónico de la capital. Carlos López / CP

“¿Cuál es el patrimonio, esto que nos llegó o aquello que se destruyó?”, cuestionó el doctor en Arquitectura de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), Fredy Ovando Grajales, respondiendo que la arquitectura es un patrimonio por sí misma, es decir, “tiene que ser del pueblo, de quienes están encargados en conservar y heredar a las futuras generaciones el valor, significado, historia e identidad”.

Destacó que muchos de nosotros no conocimos las primeras construcciones transformadas en grandes edificios de cristal, de una capital anacrónica que ha sufrido múltiples modificaciones arquitectónicas, sobre todo en su zona centro, ya que “la ciudad se ha transformado”, replicó.

El investigador nacional sostuvo que “todo lo que nos rodea es parte de una herencia que viene de otro lado”. Las modificaciones más abruptas en la capital se forjaron en el siglo XIX, tratándose de grandes construcciones, como puentes de acero, ferrocarriles, y gracias a la expansión territorial hacia al campo, se dio paso a las grandes haciendas.

“Los hacendados copian el modelo o el lenguaje arquitectónico clasicista y lo llevan a sus edificios, pero invierten el esquema, aquel patio con corredores al interior se va al exterior”, declaró.

Los trabajadores, albañiles, campesinos y quienes solían trabajar en las haciendas, comienzan a copiar estos estilos que tenían un lenguaje neoclásico basados en tratados de arquitectura italianos.

Ovando Grajales subrayó que “los albañiles de la ciudad reproducen las figuras, pero no se respetan las proporciones geométricas que se planteaban en los tratados”. Las pocas casas de adobe que prevalecen en el centro tienen la aplicación de un lenguaje clasicista, pero con una interpretación libre y popular.

En Tuxtla Gutiérrez, a mediados del siglo XX se puso de moda la arquitectura neocolonial, un proyecto con poco éxito y que se visibiliza en la Casa de la Cultura del centro, obra del ingeniero Noé Gómez, y también presente en el restaurante interno del demolido Hotel Bonampak.

Sin embargo, este lenguaje que tenía la intención de identidad nacional no tuvo mucho éxito, pero luego “empezaron a aparecer las obras emblemáticas de la modernidad, una transición marcada por la casa de don Ciro Farrera, que luego se popularizó en las casas de la colonia vecina, Moctezuma”.