Tuxtla: una ciudad en constante transformación

Parque central de Tuxtla Gutiérrez a principios del siglo XX. Colección Museo de la Ciudad
Parque central de Tuxtla Gutiérrez a principios del siglo XX. Colección Museo de la Ciudad

A raíz de que Tuxtla Gutiérrez se convirtió en capital de Chiapas en 1892, atravesó una serie de transformaciones que cambiaron la fisonomía de su centro histórico para siempre, sobre todo de 1940 a 1980.

Si nos remontamos a principios del siglo XX, en Tuxtla Gutiérrez predominaban las casas de bajaré y de adobe con techo de dos aguas y teja. La vivienda tradicional estaba adaptada al terreno, con materiales naturales de la región, lo que obedecía a las necesidades de la población, mayoritariamente mestiza y zoque.

Pero éstas no satisfacían las exigencias que la capital del estado demandaba, sobre todo para las familias con posicionamiento político y económico de la época, y los empresarios que promovían el uso del automóvil. Las calles empedradas hechas para el tránsito de carretas impedían su objetivo.

Primeros cambios

Los gobernantes querían reflejar una capital moderna, a la altura de las grandes urbes, entonces comenzó paulatinamente la transformación del centro histórico derribando sus edificios de estilo colonial, neocolonial y Art Deco.

Lo primero en caer fueron los portales históricos y las casas antiguas del primer cuadro de la ciudad, para hacer los nuevos edificios de los poderes del estado de estilo neoclásico. El palacio de gobierno del estado se inauguró en 1902 por el gobernador Rafael Pimentel.

En 1940 fue construido el Palacio Federal que también alojó a las oficinas de correos, bajo el gobierno de Rafael Pascasio Gamboa (1940-1944). Ambos edificios fueron parte de la identidad del centro de la ciudad.

Ampliación de la Avenida Central

Uno de los cambios más importantes fue la ampliación de la Avenida Central —Antes Avenida de la República— que se llevó a cabo durante el gobierno de Samuel León Brindis, en el año de 1961. Obra que implicó la demolición de varios edificios antiguos de estilo colonial, neocolonial y art Deco, por lo menos desde lo que hoy es el parque 5 de Mayo hasta la cabeza maya. Además de que las calles empedradas fueron remplazadas por concreto y las banquetas de lajas también.

Fiebre de la modernización

La transformación continuó durante los gobiernos de Manuel Velasco Suárez (1970-1976), Jorge de la Vega Domínguez (1976-1977) y Juan Sabines Gutiérrez (1979-1982), que fue cuando se demolieron los palacios de gobierno para levantar los nuevos edificios de estilo posmoderno. Para rematar, la iglesia de San Marcos tuvo una intervención a principios de los 80’s, cambiando su fachada y añadiendo una torre con reloj de origen alemán.

Todo ello dejó una capital con distintos matices arquitectónicos (a diferencia de otros municipios de Chiapas, como San Cristóbal que mantuvo su estilo colonial).

Sin embargo, no fue un hecho aislado, en otras ciudades también se dio este fenómeno en nombre de la modernidad. Por ejemplo, Chilpancingo, una ciudad con gran peso histórico, atravesó un proceso similar al de Tuxtla, donde se derrumbaron sus edificios antiguos para remplazarlos por unos “modernos”, siguiendo la fiebre de modernización.

Valorar el patrimonio

Si bien es cierto que Tuxtla no tiene la apariencia que tenía antes, aún se conservan ciertos edificios históricos como el Museo de la Ciudad, el Museo del Café, y las distintas iglesias como Santo Domingo y El Calvario, que forman parte de nuestro patrimonio arquitectónico. Además el centro histórico no solo lo conforman los edificios sino también la gente.

Hoy, conviven edificios que se edificaron en la “fiebre de la modernidad” como el hotel Humberto o el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa, que también forman parte del paisaje urbano.

Tuxtla, como cualquier lugar, es una ciudad que está en constante transformación, a pesar de ello, su historia se mantiene.