Un blindaje endeble

"En una economía altamente globalizada es ilusorio pretender que un desplome en las bolsas de valores no va a afectarnos porque ""estamos blindados"".

Hizo muy bien por ello el presidente Felipe Calderón en admitir que este será un ano complejo y de grandes desafíos, durante el cual tendremos que navegar a contracorriente, y en anunciar que se pondrán en marcha otros motores de la economía, como la inversión en infraestructura, la vivienda, el campo y el turismo.

Es decir, más allá de las frases efectistas con fines mediáticos, es necesario recurrir a medidas prácticas para reducir los danos. Los blindajes del nivel II, mínimos, son como los de aquellos chalecos antibalas de la policía capitalina que parecían rellenos de algodón, no de kevlar. Necesitaríamos blindajes del nivel VI, resistentes a armas de alto poder.

La verdad es que no podríamos resistir una desaceleración, que limitaría nuestro crecimiento económico de 2.7% a 2%.

Aunque según los expertos tenemos finanzas públicas sanas y la política monetaria está bien manejada, estamos lejos de encaminarnos hacia un desarrollo continuo y consistente.

Nos ayuda el aumento del precio del petróleo, que en nuestro caso podría ser de 80.8 dólares por barril, 31.8 dólares por encima de lo calculado para fines del presupuesto de egresos, pero tenemos la carga del desempleo, aun mitigada por la emigración de los trabajadores al norte.

En realidad, todavía hay mucho que hacer en materia fiscal, de políticas económica, energética, laboral y de seguridad para estar en mejores condiciones de capotear las turbulencias de la economía mundial.

La corrupción de nuestros defensores

Cuando se pierde la confianza en las corporaciones de seguridad pública debe hacerse lo que hizo el gobierno federal ayer en Tamaulipas: investigar a sus miembros a profundidad con el fin de castigar desvíos en sus funciones. Lo mejor sería nunca llegar a ese punto.

El combate a la corrupción en el ámbito policiaco es más complejo que en cualquier otro aspecto de la administración pública. La sanción o el despido poco ayuda a eliminar un círculo vicioso más bien estructural.

Imaginemos a un policía municipal a cargo de una familia, con un salario de 3 mil pesos mensuales, con armamento muy inferior al usado por criminales, equipo de protección insuficiente y, para colmo, superado en número por los criminales. Ante circunstancias como éstas, en las que se encuentran miles de policías, la negativa a la colusión con el narcotráfico les resulta incluso suicida.

Es más barato y duradero fortalecer los criterios de reclutamiento -y como consecuencia aumentar el salario de los uniformados-, vigilar la operación de los mandos medios y establecer mecanismos diarios de rendición de cuentas que mandar al Ejército cada cuatro meses para realizar pruebas de balística y antidoping a cientos de elementos.

Es indispensable anadir a lo anterior la constante capacitación de los policías, quienes deben enfrentar, aunque no sea su jurisdicción, a fuerzas del crimen organizado cada vez más fragmentadas y sofisticadas en su operación.

La presencia de militares y policías federales en las calles era inevitable ante el escenario actual, pero es imposible mantener este estado de forma indefinida. La solución a largo plazo pasa necesariamente por la creación de policías a prueba de ""canonazos"" de balas y de dinero. (El Universal)

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