Un conveniente Nobel de la Paz

"La ""verdad inconveniente"" de Al Gore ya no sólo se ha extendido por el mundo a manera de presentaciones personales del ex vicepresidente de Estados Unidos, ni sólo ha ganado un Oscar, sino ahora hasta el Nobel de la Paz, lo que no deja de ser una buena noticia para la concienciación de nuestra actual emergencia planetaria ambiental. Mejor aún, el premio es felizmente compartido con el Comité Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, cuyos esfuerzos son palpables.

Que el máximo galardón mundial haya sido asignado de esa manera es un importante avance en esta cruzada ambientalista, que los más duros y reacios califican de terrorismo verbal, pero que pone el dedo en la llaga de los excesos a los que ha llegado el hombre en su afán industrializador.

Es un mentís a los que plantean el falso dilema -con Washington a la cabeza- de que no se pueden tener al mismo tiempo desarrollo económico y cuidado del medio ambiente.

De muchas maneras es el mayor respaldo moral que pueden tener no sólo Gore, sino el calificado grupo de científicos convocados por la ONU para diagnosticar y evaluar soluciones tendientes a proteger la ecología y a prevenir un cataclismo climático que al final nos afecte a todos los países de la Tierra: ricos y pobres por igual.

El Nobel de la Paz 2007 seguramente no quedará colgado, inerte, en las paredes de sus poseedores, sino que habrá de traducirse en acuerdos concretos y efectivos de cada nación para asumir la parte que le corresponde de responsabilidad en esta lucha, misma que ha de seguir siendo coordinada por la ONU, como entidad reconocida por todas las naciones para encabezar iniciativas de tal envergadura.

Se equivocan los que invitan a que cada país asuma las lucha contra el cambio climático de manera individual y aislada, como si el problema tuviera fronteras. Ese discurso, planteado por Estados Unidos, ya demostró no tener respaldo mundial, porque sólo incita a que los egoísmos industriales de naciones como ellos mismos o China se desentiendan de lo que debe ser una responsabilidad compartida, incluso urgente. Por lo que respecta a México, no hemos sido ajenos a las conferencias de Gore, ni mucho menos al constante flujo informativo de las Naciones Unidas en materia ambiental, lo que ha servido para que dicho mensaje ya forme parte de un saber común social, donde han sido los jóvenes los más entusiastas receptores y difusores de esta nueva conciencia ecologista, asumida no como un discurso de moda, sino como una lucha consustancial a su vida, porque de que haya sustentabilidad en el planeta depende su supervivencia y la de sus descendientes.

De hecho, gozamos como país de otro premio Nobel, Mario Molina, quien ha aprovechado los beneficios de esa distinción para enfocar sus esfuerzos en la difusión del mensaje ambientalista desde un punto de vista científico para intentar acabar con mitos y difundir las realidades del ecologismo emproblemado que afecta al mundo.

En buena hora se ha asignado un Nobel de la Paz tan conveniente, que nos compromete a todos los habitantes del planeta a honrarlo. (El Universal)

"