"Marco González * CP (Enviado especial). Puentes sin uso, tramos carreteros pavimentados que nadie utiliza por los derrumbes desde hace años, un nuevo trazo que sigue el antiguo camino de herradura que usaron desde hace décadas la gente de la zona y que con el paso de los años se habilitó para que pasaran vehículos altos y de doble tracción, es la carretera que une a los municipios de Jaltenango La Paz con San Isidro Siltepec, como le llama la gente de antes.
Son 70 kilómetros que faltan por pavimentar. Allá por el año 2000 fue una promesa de campaña. Después llegó el huracán Stan que sirvió de pretexto para empezar a pavimentar unos treinta kilómetros que se despedazan con el paso de los vehículos cargados de café y que sirvió de pantalla para justificar un gasto millonario.
La mayor parte de esta carretera de un solo carril de terracería, regala a quien la transita los paisajes más hermosos que uno puede observar y que los lugareños llaman Montes Verdes, porque al atardecer se pueden apreciar todos los tonos de verde de la naturaleza, en una fiesta de bosques, aromas, luz y sombra.
Avanzar por el escarpado camino saca cosechas en que está convertido esta vía, que alguna vez se dijo sería el detonante para el desarrollo de la región, no es fácil. Los voladeros son de 80 a 400 metros de profundidad, pero vale la pena transitar por los paisajes de cerros y montañas casi vírgenes. Las seis horas para cubrir aproximadamente los 100 kilómetros son una tortura para los vehículos que deben ser altos y de doble tracción de los productores de la zona.
En las proximidades de la comunidad Pablo Galena, del municipio de San Isidro Siltpec, hay dos puentes que fueron construidos con el trazo que se hizo de la carretera ""utramoderna"" que se anunció después del paso del huracán Stan, pero ninguno sirve.
La gente usa el viejo vado del río para pasar en época de seca, como ahora, porque los puentes, dicen, son el adorno más caro de esta comunidad.
Esos lujos no se los da nadie en el mundo, solamente aquí. Con el importe de uno de esos puentes se pudieron construir unas aulas con adelantos digitales para poder tener acceso a las carreras de las universidades a distancia, dicen algunos lugareños.
En una zona de tantas necesidades, tener estos dos puentes que nadie utiliza es un insulto a la pobreza de la gente de la zona, señala un profesor que solicita el anonimato.
Para cuando terminen de construir la carretera pavimentada, si es que algún día se logra, esos puentes ya no van a servir, porque nadie les ha dado mantenimiento, enfatiza.
El dinero que se tiene, tercia otro habitante del lugar, no se debe desperdiciar. Esos puentes son dinero de todos que a nadie beneficia, solamente a los constructores y a algunas autoridades, quizá del municipio, ya que no se puede hacer una obra que no va a dar ningún beneficio, dice en tono molesto al tiempo de solicitar también el anonimato.
Siquiera el río estuviera hondo y se pudiera hacer una poza debajo de los puentes, servirían de trampolín, dice el risueño Francisco, uno de los alumnos de la primaria de esta comunidad enclavada en medio de las montañas y que tienen como referente el desgajamiento de dos cerros frente a su pequeña plaza cívica.
Por ahí pasaba el trazo de la antigua carretera. Un elefante blanco que nadie del sexenio anterior quiere responsabilizarse.
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