Un llamado a la prudencia

Ayer hubo elecciones de gobernador, presidentes municipales y diputados locales en el estado de México y en Nayarit. En ambos sitios los comicios transcurrieron con tranquilidad, sin incidentes mayores pero con un alto índice de abstencionismo.

El estado de México atrae mayormente la atención porque es la entidad más poblada y de mayor Producto Interno Bruto de la nación.

Está integrada geográficamente con el Distrito Federal. Tiene un padrón electoral cercano a los 9 millones de votantes, por lo que quiere verse el comportamiento de estos votos como una senal de lo que podría suceder en 2006.

No se puede concluir automáticamente que el triunfo de un partido en el estado de México ahora asegura su victoria en las elecciones federales del ano próximo, pero es un referente válido para las estimaciones de entonces.

La cuestión es que ayer el abstencionismo en el estado de México andaba cerca de 60%, como ha ocurrido desde hace 30 anos. Habría que analizar a fondo las razones de esta indiferencia electoral en una entidad que, por lo que corresponde a las porciones que tiene integradas urbanamente con el DF, es foco de inmigración interna; y por otra parte, en lo que se refiere a un buen número de zonas residenciales, sirve de distrito dormitorio a gente que labora en la capital del país.

Las elecciones de ayer no fueron concurridas, pero sí ordenadas y se desarrollaron dentro de la legalidad. La consecuencia natural es que unos comicios así generen resultados confiables.

Importa subrayarlo porque por anticipado el Partido Acción Nacional y el de la Revolución Democrática habían revelado su disposición para acudir a los tribunales electorales para defender sus votos. Por supuesto, si hubiese evidencias suficientes de irregularidades graves para poner en duda el resultado de la elección tendrían que hacerlo.

La condición fundamental del sistema electoral democrático es que gana quien obtiene la mayoría de los votos emitidos. El proceso concluirá hasta que las autoridades, luego de analizar las impugnaciones que hubiere, emitan la resolución final. Los instrumentos que los mexicanos nos hemos dado contra fraudes electorales y que están en permanente proceso de afinación, aconsejan acatar el conteo de los votos.

La confiabilidad en nuestro sistema electoral debe ser compromiso de los partidos y sus candidatos. Los cuestionamientos irreflexivos en esta materia y las pugnas postelectorales oxigenan el abstencionismo. Sin votantes, zcuál será el futuro del sistema democrático?

Es cierto que las campanas electorales fueron lastradas por los altísimos gastos que se generaron en unos cuantos meses, por la desbordada rijosidad de algunos candidatos y por prácticas que obscurecieron la contienda, pero se tuvo el reposo de los tres días de silencio previos a los comicios y éstos ya se efectuaron como lo marca la ley.

Se debe celebrar que este evento haya transcurrido en paz y, de acuerdo con los reportes de las propias autoridades estatales, con normalidad democrática. Si bien en Nayarit, los resultados previos llevaron al PRI y al PRD a declararse ganadores, lo deseable es que tanto en esta entidad como en la mexiquense los involucrados admitan que los electores tienen la última palabra.

Al final lo deseable es que todo el proceso se desarrolle dentro de los cauces legales, lo cual reflejará la madurez de los partidos y sus candidatos al tiempo que será un activo para las próximas elecciones. (El Universal)