Un maltrato bien visto

"David migró en diciembre de 2005 de Guerrero a Sinaloa para trabajar en el cultivo de jitomates. Un mes después murió aplastado por un tractor. Tenía nueve anos y le pagaban 68 pesos por jornada. No hace falta decir que nunca debió estar ahí.

El trabajo de ninas y ninos en actividades que no son propias de su edad es resultado de una sociedad insensible. La mitad de los 6 millones de jornaleros agrícolas empleados en el campo mexicano son menores de 14 anos, admitió en mayo pasado el presidente de la Confederación Nacional Campesina, Cruz López Aguilar. Según cifras oficiales, en México, en toda clase de oficios, trabajan más de 3.5 millones entre cinco y 17 anos.

Esta tolerancia proviene de una larga tradición enclavada sobre todo en el campo y en el hogar, donde no se considera incorrecto que una nina haga de trabajadora doméstica mientras el nino ayuda al padre o al abuelo con la pizca o el arado. La costumbre se ha trasladado, junto con la migración, a las ciudades, y recae en el hijo del obrero, del comerciante ambulante, del cargador de mercancías.

Algunos justifican ese trabajo en el contexto de un amplio sector de la población que ha perdido su poder adquisitivo en los últimos 30 anos. Cada vez es más difícil comprar leche, huevo o un kilo de tortilla.

Sin embargo, hay que distinguir entre ayuda y abuso. Si a la nina-trabajadora doméstica o al nino-obrero se les niega educación, tiempo de ocio y diversión o se les somete a condiciones laborales que ningún adulto soportaría, claramente la ""colaboración"" con el ingreso familiar se transforma en explotación infantil. Por desgracia, la línea divisoria entre una y otra se confunde con mucha facilidad, por lo que rara vez se denuncia a los padres que lucran con sus hijos o a los patrones que se aprovechan ellos.

El día en que a todos nos sea intolerable saber que un nino como David trabaja recolectando jitomates, entonces pasaremos de discutir problema a solucionarlo. (El Universal)



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