Un México íntegro

"¿Qué nos hermana a los mexicanos? Dentro de los casi dos millones de kilómetros que compartimos se encuentran grupos sociales con tantas diferencias entre sí que bien podrían considerarse miembros de países extranjeros. El himno nacional y la bandera no bastan para eliminar la sensación de que son por completo ajenos los opulentos de los pobres, los indígenas de los blancos, los profesionistas de los obreros, los sonorenses de los yucatecos. Necesitamos promover lo que nos vincula más allá de la diversidad.

Ya sea por prejuicio o por razones fundadas, los mexicanos consideran que sus semejantes adolecen de conformismo, de flojera, de miedo al éxito. Lo dicen ciudadanos consultados por encuestas a pregunta abierta en una encuesta publicada en días pasados. La mayoría teme a la inseguridad y ve a la corrupción como un mal endémico, casi genético.

Sin embargo, los mexicanos también se ven a sí mismos como personas trabajadoras, amables, alegres. Buena parte de la imagen que tenemos en el resto del mundo proviene de estas virtudes; basta ver la labor de los migrantes mexicanos en el extranjero, particularmente en Estados Unidos. Personajes que realzan el nombre del país, desde el químico Mario Molina hasta la velocista Ana Guevara, nos recuerdan que la capacidad existe. El problema no es -por lo tanto- de personas, o de la ""naturaleza"" del mexicano, sino de integración de talentos. Hay suficiente calidad en los individuos de esta nación como para formar un grupo de enorme potencial. El paso que nos hace falta para ello es articular esas las capacidades.

En vez de envidiar el éxito del prójimo, de ver con prejuicios al otro, de procurar la riqueza únicamente de los conocidos, el mexicano tendría que aceptar la diferencia a su alrededor y verla más bien como una ventaja en favor del grupo del cual él mismo es parte. Es lo que haría un mexicano ""íntegro"", en palabras del escritor Moisés Sáenz. Íntegro en toda la extensión de la palabra, por la articulación de los diferentes, pero también por la nobleza implícita en ese anhelo.

La unión implica amalgamar personas sin que necesariamente se admitan diferencias. En la unión la mayoría podría imponer condiciones. En la integración incluso el más pequeño de los integrantes encuentra espacio y disposición para desarrollar todo su potencial y, de paso, hacer crecer a todo el grupo.

El siglo XIX fue para México la época de la lucha entre liberales y conservadores. El XX fue de pugna entre autoritarios y demócratas. ¿Tendremos otro siglo de confrontaciones entre mexicanos o daremos el paso hacia una nación íntegra? Ahí está el reto. (El Universal)

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