"Kofi Annan se despidió virtualmente de la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas, que ha tenido a su cargo durante 10 anos, con una seria advertencia sobre el riesgo de división que enfrenta la comunidad internacional y con un severo diagnóstico del estado en que se encuentra el mundo: ""Injusto económicamente, en desorden, con un extendido desprecio por los derechos humanos y por el derecho en general"".
Para el diplomático, los desafíos son globales y deben ser encarados por una ONU renovada y dinámica. Creada inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, la ONU tuvo como objetivo principal la preservación de la paz, para lo cual era indispensable propiciar la cooperación internacional y el desarrollo, así como la regulación de las actividades globales.
Durante casi medio siglo, la paz pendió de un precario equilibrio de poderes militares mantenido sobre la convicción de una guerra sin sobrevivientes. De entonces a la fecha, el poder prevaleciente carecía de moderadores que no fueran el derecho y la moral.
Ahora, con el resurgimiento del terrorismo y la inestabilidad en que ha caído el Medio Oriente por la guerra de intervención en Irak, la fragilidad de la paz mundial es motivo de gran preocupación. Lo que más inquieta es que la ONU se encuentra, como reconoció el propio Annan, en estado de crisis, lo que no le permite ser el árbitro mundial fuerte y respetado, capaz de conjurar cualquier riesgo de inestabilidad.
La ONU requiere cirugía mayor e independizarse de los grandes centros de poder económicos internacionales, para estar en posibilidad de responder mejor a los retos del mundo actual, principalmente el ominoso conflicto Este-Oeste, que se perfila como la principal amenaza para los próximos anos.
Una organización débil que no puede con la amenaza de un estallido bélico generalizado, menos podrá resolver los otros grandes pendientes del mundo, tales como la desigualdad económica, las migraciones, el cambio climático, la epidemia de sida, el comercio desventajoso, la migración creciente y el atropello a los derechos humanos, entre otros graves pendientes que arrastra la comunidad internacional.
México forma parte del grupo de los 192 países miembros de la ONU y se ha distinguido principalmente por la rectitud de su conducta diplomática, pacifista y colaboradora. De hecho ha abogado en los últimos anos por fortalecer a este organismo multinacional, como única forma de resolver de manera pacífica y negociada los diferendos entre naciones.
Nuestro país requiere seguir manteniendo una actitud activa en el concierto de naciones, que refuerce las acciones de la ONU. Nosotros mismos, como país, tenemos mucho que hacer para reducir nuestros problemas de desigualdad, de pobreza, de medio ambiente y de convivencia con una comunidad internacional que, como recordaba ayer Annan, cada día es más compleja, pese al avance de la globalización en todos los ámbitos del quehacer humano.
Lo que pueda hacer México para devolverle a la ONU su original papel de garante del bienestar de la humanidad será útil y bienvenido, toda vez que ello va en congruencia con nuestra propia política exterior. (El Universal)
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