Un pueblo con aneja sed

"Abenamar Sánchez * CP. Unos sentaditos y otros parados. Así esperan unos hombres, calladitos, con uno o dos o tres garrafones vacíos bajo el alero de un edificio en este pueblo seco.

13:00 horas.

En unos minutos, la suministradora de agua -a bajo precio- abrirá una ventanilla y ellos, en orden y contentos, irán pasando uno a uno los recipientes para el relleno.

Pero Berriozábal, cuenta Gabriel Ramos Vázquez, es un pueblo que lleva anos esperando se le garantice el servicio de agua. Acceder a ella, en esta tierra seca y polvorienta, ""es un sacrificio"".

La escena de espera se desarrolla y repite en la parte alta del pueblo -con más de 20 mil habitantes- a 15 minutos en carro al poniente de la capital chiapaneca.

Pasa un breve tiempo. Se abre la ventanilla. Un joven, con cubrebocas, pregunta quién sigue.

-Yo-, responde un hombre gordito y corre por dos o tres garrafones.

-Luego me toca -anticipa otro.

El procedimiento para la adquisición de agua en esta suministradora de una asociación civil, explica Ramos Vázquez, responsable del tratamiento, es que los consumidores acudan con sus garrafones.

-No se aceptan cubetas.

Tras recibir los garrafones, el encargado del suministro los somete a un proceso de lavado con un detergente especial y luego los llena y sella.

-El costo, cuatro pesos.

Precio accesible, coinciden José Luis y Gustavo Zambrano, dos consumidores en espera.

Ramos Vázquez, ingeniero químico especializado en tratamientos del agua, dice que la idea es garantizar un servicio digno a la gente necesitada, que es casi todo el pueblo.

Berriozábal, informa, llevaba un mes sin agua entubada. El servicio llegó este domingo, pero con lodo. El pueblo se empieza a preocupar más por la carencia que se está tornando grave antes del periodo de estiaje.

En los meses de febrero, marzo, abril, mayo, junio y julio, dice con preocupación Ramos Vázquez, las familias de Berriozábal depositan su esperanza en las pipas que venden 3 mil litros por cien o ciento cincuenta pesos.

Unas personas, en la calle, cerca de las llamadas presas de Berriozábal, aunque una cisterna casi siempre está vacía, dejan entrever sospechas, porque pasan y pasan gobiernos municipales y nunca se ve con seriedad el problema del agua.

-zNo será que el Ayuntamiento tiene un convenio con los piperos?

Eso cree una persona.

Berriozábal, comenta Ramos Vázquez, podría solucionar el problema si invierte en un lugar que se llama El Palmar. Allí, cerca de la zona urbana, hay agua. Pero ante los reclamos, agrega, el Ayuntamiento y el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado Municipal (SAPAM) no hacen más que culparse el uno al otro.

-Mientras, la gente sigue recibiendo el servicio cada ocho días, cuando es así, y sólo por una o media hora-, dice otra persona.

Y otra lejana e incierta esperanza que tienen las familias de Berriozábal es que algún día se beneficien con el sistema de distribución de la capital del estado. Eso es difícil, arguye Gabriel Ramos Vázquez, porque en Tuxtla Gutiérrez no pocas colonias siguen sin el servicio.

Pero aquí, dice un hombre, la carencia es general.

Y otro, detalla:

-Se sufre por la carencia, y cuando dan siquiera un poco se sufre por la mala calidad.

En cuanto se escucha eso, llega una mujer ya grande de edad con su garrafón. La suministradora comunitaria no tiene agentes de reparto a domicilio. Las personas llegan con sus garrafones y se meten a la fila de espera.

Hoy, por el sol quemante, aguardan bajo un alero de edificio.

"