"Heriberto Ortiz * CP. Nueva Colombia, un ejido de unas 500 familias en el municipio de Jaltenango, se niega a desaparecer porque con ello se perdería una producción anual de unos 30 mil quintales de café (tradicional y orgánico).
A precios actuales, genera alrededor de unos 84 millones de pesos y es la única fuente de ingresos para esa gente que plantea regresar por temporadas al ejido, cosechar y después marcharse.
Y es que ante la recomendación oficial de no volver al pueblo, los lugareños le proponen a las autoridades les permitan vivir en esa comunidad durante el tiempo de secas.
No hay riesgo alguno y de esa forma pueden cuidar sus cafetales. Su único patrimonio.
Durante las lluvias se mudarán a las casas que les proporcionen en la Ciudad Rural de Jaltenango y ya tendrían el ingreso de su café y serían una carga menos para las autoridades, además que se mantendrá la producción del aromático grano de la zona. Una de las más importantes del país.
Saben de los riegos pero también saben que es su única alternativa de sobrevivir. Es el esfuerzo de décadas de lucha, señala Amado Chanona Laparra. Él es uno de los habitantes que recuerda con tristeza cómo en septiembre del año pasado, las lluvias obligaron a la gente a buscar refugio en la cabecera municipal, ante el temor de quedar sepultados por las avalanchas de tierra en los derrumbes.
En la actualidad, después de vivir por meses albergados en las bodegas de café de Agroindustrias Unidas de México (AMSA), muchos regresaron a Nueva Colombia. Otros -los menos- se refugiaron en el auditorio municipal de Jaltenango.
Los que determinaron regresar a su casa y empezar a levantar la cosecha se han topado con que sus hijos no pueden acudir a las escuelas porque no hay profesores, ni servicios médicos y otras prestaciones debido a la recomendación oficial.
Ante esta situación, los ejidatarios básicos de Nueva Colombia le han solicitado a las autoridades les doten de maestros para sus escuelas, médicos para su clínica y demás gente para darles servicios básicos en el entendido que el pueblo funcionará en esas condiciones durante las secas, porque en época de lluvias se trasladarán a la cabecera municipal y minimizar así los riegos de una desgracia.
Las instalaciones del pueblo son operables, señala Wilson Gelani Chanona Martínez. ""Ahorita no autorizan ni maestros para jardín de niños, primaria, telesecundaria, ni para la unidad médica del IMSS"".
El agente municipal, Graciano Juárez Agustín, señala que las autoridades deben realizar un nuevo trabajo de campo en el ejido, para conocer la realidad de las cosas, tal y como son. Es cierto que hay peligro, reconoce, pero éste es en tiempo de lluvias muy fuertes. Durante el estiaje es posible vivir en el pueblo sin riego alguno. Por ello buscan que el gobierno les escuche y revierta su determinación actual de no permitir que trabajen en el pueblo los profesores y los médicos del sector oficial.
""Con los precios actuales del café en el mercado internacional se debe estar pendiente de la parcela, porque de lo contrario uno se queda sin ingresos, por eso no queremos abandonar nuestro pueblo, nuestros orígenes"", señala Amado Chanona.
Él es propietario de tres y media hectárea de cafetales de las cuales obtiene unos 50 bultos del aromático grano. El dinero que obtiene sirve para mantener a su esposa y sus tres hijos, los cuales estudian la carrera de derecho, pedagogía y la preparatoria.
Si no cuida su patrimonio, sus hijos dejarían de estudiar y sería difícil que consiguieran trabajo en Jaltenango, Villaflores, La Concordia o la capital del estado, por ello la importancia de estar en el pueblo cuidando la parcela. Su economía y vida dependen de ella.
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