"De confirmarse la hipótesis de que el frustrado ataque terrorista del viernes fue obra de un cártel del narcotráfico, enfrentamos como país y como sociedad un desafío que sólo puede ser respondido con una guerra sin cuartel contra los delincuentes.
La disposición de los traficantes a usar cualquier medio para tratar de frenar la acción policíaca no es de extranar cuando en los últimos anos México ha sido escenario de actos de salvajismo entre delincuentes y contra quienes los combaten.
De hecho, el intento de atentado del viernes, en el que murió un hombre que transportaba una bomba, a sólo unas cuadras de la Secretaría de Seguridad Pública, marcaría un paso más hacia lo que algunos definen como la ""colombianización"" del problema.
Los grandes cárteles colombianos del narcotráfico acudieron al terrorismo en lo que fue el canto del cisne que precedió a su derrota en la década de los 90. Esos grandes cárteles, como los de Cali o Medellín, fueron sustituidos por grupos menos ostentosos y menos poderosos, pero más astutos y, por cierto, igualmente mortíferos.
El hecho de que alguno de los cárteles mexicanos se muestre dispuesto a utilizar el terrorismo como vía de enfrentar al gobierno, tal vez como respuesta a los repetidos golpes que las autoridades les han asestado en los últimos meses, tiene por lo pronto una serie de implicaciones mayores.
De entrada, ni gobierno ni sociedad pueden acobardarse ante un reto de ese tipo. Su propia supervivencia está en juego. Una de las respuestas de la sociedad debe ser la denuncia. No simplemente en términos de la expresión abstracta de subrayar la perversidad de los traficantes y el dano de las drogas, sino de informar a las autoridades de toda actividad sospechosa.
Para las autoridades, ciertamente, se trata de enfrentar la situación con todos los recursos a su alcance. Pero también de no olvidar que están moralmente sujetas a perseguir de acuerdo con reglas jurídicas de comportamiento, y legalmente obligadas a comprobar culpabilidades, no sólo a realizar cacerías de brujas para ver quién cae.
Para las dos partes se trata de cerrar filas. Más aún, sería importante que el cuerpo político siga el ejemplo de los cuerpos de seguridad, pusiera de lado sus rencillas y cerrara filas en este caso, en el que de hecho se juega mucho para México como país y como sociedad.
Ante el reto actual ya no caben las actitudes de regionalismo de algunos gobiernos estatales ni rejuegos de jurisdicción que únicamente contribuyen a la impunidad de los delincuentes. Toda duda, pues, resultaría sospechosa.
Si la hipótesis se confirma, luego de semanas en las que se ha visto la captura de armamento que haría la envidia de muchos grupos guerrilleros, es claro que el país está en el umbral de momentos difíciles. Pero también que ni el gobierno ni la sociedad de México puede darse el lujo de ""sacar el bulto"".
Cuentan los historiadores que durante la guerra de intervención estadounidense de 1847, muchos caudillos mexicanos -conservadores y liberales- prefirieron ""ahorrar"" sus fuerzas y no enfrentar a los invasores para estar en mejores condiciones en las luchas civiles subsecuentes.
Una actitud similar ante el desafío actual sería no sólo absurda sino suicida y, aquí sí, traición a la patria. (El Universal)
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