Hace 30 años un salario mínimo alcanzaba para comprar 50 kilogramos de tortilla, pero ahora no alcanza ni para 10, dijo hace poco el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en una mañanera, haciendo una crítica a la etapa considerada neoliberal.
En 2019 el mandatario federal comentó a manera de crítica, que durante dicho periodo el salario se deterioró, al grado que en países como Guatemala, Honduras y El Salvador esta unidad para medir el ingreso era el doble que en México, resultado de las políticas salariales del Estado mexicano.
En diciembre de 2018, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) dio a conocer que el salario mínimo general, de 88.36 pesos, disminuyó 55 por ciento en términos reales desde diciembre de 1982, ubicándose en por debajo de la línea del bienestar.
Ese mismo año, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) consideró viable elevar el salario mínimo diario de los 88.36 pesos, que alcanzaba para solamente el 89 por ciento de la canasta básica, hasta 176 pesos para finales de 2024.
La Constitución Política de México en su artículo 123 establece que el salario mínimo general debe ser suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer educación obligatoria de los hijos, pero en la realidad no ocurre así.
Los salarios mínimos que deberán disfrutar los trabajadores serán generales o profesionales. Los primeros regirán en las áreas geográficas que se determinen; los segundos se aplicarán en ramas determinadas de la actividad económica o en profesiones, oficios o trabajos especiales.
En general, los aumentos salariales son completamente dispares con respecto al costo de una canasta básica que, de acuerdo con expertos, debe contener de 23 a 40 productos de primera necesidad, entre alimentos, artículos de limpieza e higiene personal y bienes complementarios.












