Un siglo de longevidad y de sabiduría

Un siglo de longevidad y de sabiduría

Sobreviviente de más de un siglo de dura existencia, Caralampio Luna Aguilar, indígena tseltal del municipio de Altamirano, en la selva de Chiapas, ha sido testigo del atraso histórico, de la lucha, los procesos de transformación de los pueblos indígenas, su sometimiento y la rebeldía armada de 1994, en la cual participó como base de apoyo en su región.

A sus 106 años de edad, don “Lampo” es un referente de longevidad, de vida saludable y resistencia, en la Colonia Morelia, donde se asienta una de las Juntas de Buen Gobierno y El Caracol Torbellino de Nuestras Palabras del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y sitio emblemático de la lucha de ese grupo rebelde.

En su vivienda enclavada en los linderos selváticos, a 10 kilómetros de la cabecera de Altamirano, don “Lampo” recuerda los orígenes y las aspiraciones del EZLN en las comunidades indígenas.

Sentado en un rústico banquillo de madera, bosqueja con nitidez, certeza y precisión los episodios y experiencias de su vida, incluida su participación y militancia zapatista en aquel 1994 de irrupciones y proclamas guerrilleras.

“Fui zapatista, pero por mi edad, ya siendo viejo, me vi obligado a salir del EZLN”, asegura el anciano cuya familia se extiende con más de 50 nietos, 62 bisnietos y 46 tataranietos”.

Recuerda cómo en aquel concentrado selvático, los zapatistas fundaron el autoproclamado municipio autónomo 17 de Noviembre. “El zapatismo se creó un 17 de noviembre de 1994, aunque actualmente algunos lugareños se dispersaron a diferentes partidos políticos y al gobierno por los apoyos recibidos”, afirmó.

Don “Lampo” desmenuza los sufrimientos de su infancia al quedarse huérfano de madre. “De niño sufrí mucho por la falta de dinero y porque desde muy chico murió mi mamá, y mi padre se casó con una mujer muy brava”, comentó.

Junto a su vivienda de tabique, el anciano nacido en 1909 en Rancho Nuevo, un asentamiento cercano en la zona, dice que pese a que sobrepasó el siglo de vida, se encuentra sano y lúcido.

“Estoy lleno de vida”, aseguró.

El hombre de piel curtida y casi enjuto, atribuye su larga vida y buena salud a la convivencia diaria con la naturaleza y sus alimentos libres de contaminación, que le proporciona su campo de labranza, su huerto y la generosidad de la naturaleza.

No padece ninguna enfermedad grave ni crónica, excepto aires (reuma) en la cintura, aunque es consciente que cuando llegue el final, el día que Dios lo decida, acudirá al llamado. Será el final.

“Lo que tengo es puro cansancio, aunque como bien y bebo mi pozolito. No conozco la enfermedad, si cayera yo enfermo ya ahí nomás me quedo”, dijo.

“Ni porque yo tome vitaminas, para que voy a gastar mi dinero, por vitamina ya no. La fuerza que tengo es lo que nos da Dios, si él dice que se acaba, esto se acaba”, señala el hombre centenario morador en un reducto de la selva chiapaneca.