Un siglo de olvido y marginación en Tuxtla Gutiérrez

Un siglo de olvido y marginación en Tuxtla Gutiérrez

Mientras Tuxtla cumple 126 años de ser capital del estado, la ribera Tziqueté cumple un siglo de creación y el mismo tiempo de olvido y marginación.

La única vez que un alcalde volteó a verlos fue hace 40 años: les dio grava roja para los dos kilómetros de camino que los separan de Cerro Hueco. Por ahora, sus habitantes alistan un proyecto integral con la esperanza de que el nuevo gobierno los incluya.

El grupo de hombres y mujeres avanza a pie, por el polvoriento sendero. Desdeñan el candente sol que por ratos se esconde piadoso. Dos hombres miden con una cinta plástica y una mujer anota en una libreta las medidas. Ella es Marisol Cruz, presidenta del Comité para el Proyecto Integral de Servicios Públicos en dicha ribera.

“Pagamos impuesto predial y tenemos derecho a servicios básicos como el resto de la población”, dice con razón mientras descansa a la sombra de un arbusto. La mujer explica que van a medir desde la calle Taray al rancho San Luis, unos dos kilómetros.

Juan Carlos es vecino de Tziqueté. Nació hace 40 años y siendo un bebé, el edil de Tuxtla, Noé Camacho Camacho les regaló grava roja para revestir el camino a dicha ribera.

Y mientras Tuxtla cumple 126 años de ser capital del estado, la ribera Tziqueté cumple un siglo de olvido y marginación. No tienen agua potable; compran por pipa. No hay drenaje; van al monte o a una fosa séptica.

El pésimo camino hace que no haya muchos colectivos: algunos han volcado o se destrozan. Carecen de alumbrado público, lo que convierte al lugar en inseguro: ha habido varios muertos.

Cuauhtémoc Cobatzin Álvarez, agente municipal de la demarcación Cerro Hueco, dice que ellos confían en que este será un gobierno diferente.