Un tanque de problemas

"El ""gasolinazo"", como con jiribilla partidista y tino publicitario se nombra al proyecto del nuevo impuesto al combustible, parece tener efectos mayores como arma política. Tantos que se pospuso su entrada en vigor. Hay que tomar en cuenta que el precio de la gasolina no es un factor aislado, y que lo que tiene en problemas a la economía mexicana es una conjunción de factores mucho más amplia.

Acercarse maniqueamente a los problemas sirve para hacer propaganda, pero no para solucionarlos. No se puede respaldar acríticamente la medida de aumentar los energéticos de consumo, como tampoco se puede denostar con simplismo el aumento. Mucho menos puede usarse como pretexto para realizar alzas artificiales de productos. Alzas que carecen de sustento financiero y merecen ser castigadas.

El anuncio de la nueva tasa impositiva se empalmó con varios sucesos desafortunados, como las explosiones en gasoductos, huracanes e inundaciones, las sacudidas en los mercados financieros globales y el alza de los precios internacionales de los productos agrícolas.

Comprensiblemente, la incipiente carestía de algunos productos registrada en México durante los últimos días despertó airadas críticas y senalamientos de que se debía al ""gasolinazo"". Lo cierto es que tuvo muchas causas, incluida la perniciosa especulación.

El promedio nacional del gasto destinado a la gasolina es de 3.65%, pero el alza que se prolongaría por 18 meses hasta llegar a una tasa de 5.5% impactó sicológicamente.

La sencillez de los números no expresa lo que puede suceder en los mercados, por razones reales, por especulación y abuso, y hasta por miedo.

Tampoco pueden olvidarse las circunstancias que han convertido a un rico país petrolero como México en importador de gasolinas de Venezuela y Estados Unidos, que deben ser puestas en venta a precios inferiores al que se obtuvieron. El drama es que vendemos crudo para luego comprarlo refinado. Mal negocio.

El presidente Calderón dispuso una medida política, de contención inmediata de un descontento atizado por sus adversarios, medida que no resuelve el fondo del reto energético que enfrenta México.

Tenemos que demandar que se eviten los abusos, aunque estemos seguros de lo difícil de las misiones defensivas del bien público cuando imperan intereses particulares tan poderosos, extendidos y cortoplacistas como los que vemos en México una y otra vez.

Los aumentos en cascada, sin razón, ahora que la aplicación del impuesto se pospuso, no pueden ser tolerados. Igualmente ha de castigarse a las empresas y comerciantes que pretendan trasladar sus costos fiscales al consumidor.

De nuevo, la reprobable conducta de quienes encontraron en el aumento paulatino de la gasolina el pretexto -no la razón- para lucrar con los ciudadanos de a pie se hace posible por las condiciones de monopolio y oligopolio que prevalecen en demasiados sectores de nuestra estructura económica.

Los expertos estiman que si tuviéramos mercados competitivos los incrementos serían atemperados por la competencia. Escuchémoslos. (El Universal).

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