Ubicado en el Altiplano Central, el municipio de San Cristóbal de Las Casas, luego de haber sido uno de los lugares más representativos del estado por sus acervos culturales y la riqueza colonial que impera, hoy es un pueblo violento y sin ley.
Últimamente se ha desencadenado una serie de agresiones y brutalidad, que a decir de los habitantes, son grupos que rondan la ciudad a bordo de motocicletas y con arma en mano realizando disparos.
A pesar de estos sucesos, las autoridades nada han hecho al respecto; la violencia sigue dominando y trayendo consecuencias severas e irreparables.
La muerte de Marisol Gómez Hernández, de siete años, fue el acontecimiento más reciente que ha causado indignación. Este crimen sigue impune y los llamados “Motonetos” continúan atemorizando a la gente.
Sobre esto, Andrea Hernández, madre de la niña asesinada, cuenta a Cuarto Poder lo que ocurrió aquella noche del 25 de septiembre en la colonia Monte Los Olivos, la cual le cambió la vida.
“Eran las 11:30 horas de ese sábado frío, mis cuatro hijos y yo dormíamos en nuestro cuarto” —un espacio de madera y techo de lámina de 3x3, con una ventana cubierta de plástico que da vista a la calle—.
“En segundos escucho un estruendo que pega en la lámina y el grito de uno de mis hijos, fue Marisol; su rostro cubría de sangre, una bala le había destrozado su cabeza”, narra.
La menor fue trasladada al Hospital de Las Culturas, en el barrio de Fátima, donde ya agonizaba; pese a los esfuerzos por salvarla, nada más se pudo hacer por ella. Ahí pereció.
Ante este caso, Salvador Hernández y Cristóbal Gómez, abuelo y padre de la niña, exigen investigar el hecho, toda vez que señalan a estos individuos por realizar desmanes en diversos barrios.
El dolor agonizante azota a la familia. Andrea decidió quemar los juguetes y la ropa de su hija, pues quiere olvidarse de todo tipo de recuerdo. A una semana de esta tragedia, exigen justicia y que este delito no quede impune.












